Antes que nada; se debe explicar que hay detrás de cada una de estas siglas. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se autodefine en su web oficial como “un organismo internacional, conformado por los doce países de la región suramericana: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela”.
Luego explica que “Nuestro objetivo es construir un espacio de integración en lo cultural, económico, social y político, respetando la realidad de cada nación. Nuestro desafío es eliminar la desigualdad socio económica, alcanzar la inclusión social, aumentar la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías existentes, considerando la soberanía e independencia de los Estados”.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un organismo intergubernamental de ámbito regional, heredero del Grupo de Río y la CALC, la Cumbre de América Latina y del Caribe que promueve la integración y desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños.
En su última cumbre realizada en Costa Rica del 28 y 29 de enero de 2015, la organización emitió una declaración política donde en el numeral 3 de los acuerdos expresa:
“Garantizar el pleno respeto de la democracia, el Estado de Derecho, así como de todos los derechos humanos, incluidos el derecho al desarrollo y el derecho a la paz, en un modelo de desarrollo sostenible que coloque a la persona humana en el centro de nuestras políticas. Por ello, reconocer la importancia de fomentar la plena participación ciudadana plural, amplia y diversa”.
Allí surgen las divergencias, porque ese acuerdo fue firmado también por Cuba, donde no existen la democracia y las elecciones libres.
Lo increíble ocurrió el 27 de enero de 2013 al finalizar la I Cumbre de la CELAC en Chile, la organización designó a Cuba como organizador de la siguiente Cumbre en 2014 y le encomendó al presidente cubano, Raúl Castro, la misión de cuidar y defender las democracias de los países de América Latina y el Caribe y de velar por los derechos humanos en la región. Es como enviar al zorro a cuidar a las gallinas.
El Mercado Común del Sur (Mercosur) ―llamado Mercado Comum do Sul (Mercosul) en portugués, es un bloque subregional integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela.
El Mercosur existe prácticamente en los papeles, porque como unión aduanera ha resultado totalmente ineficaz, debido a que allí nada o casi nada se cumple o llega a buen término, debido principalmente a las imposiciones de los países grandes como Argentina y Brasil.
En una entrevista con un diario de Brasil, el presidente de Uruguay José Mujica dijo: “El Mercosur no anda bien, está estancado”, afirmó y agregó: “A veces hay una especie de proteccionismo en algunos países del bloque, y la tentativa de crear un espacio común tiene dificultad. Y los organismos de arbitraje, de decisión, de institucionalidad real no funcionan”.
Hoy la Unasur habla de defender los derechos de la “democracia” venezolana ante el “avallasamiento” de los Estados Unidos. Envían como mediador al expresidente colombiano Ernesto Samper, nombrado Secretario General de la Unasur, pero Samper tiene vedada la entrada a EEUU, porque se le retiró la visa cuando se comprobó que su campaña electoral fue financiada con dinero del narcotráfico en 1996. Samper ha reconocido este hecho, pero en su defensa alega que no sabía que estaba siendo financiado por cárteles de la droga.
Tanto el Mercosur, como la Celac y la Unasur, realizan sus cumbres donde terminan con altisonantes declaraciones de intenciones que en muchas oportunidades son sólo eso; intenciones que no llegan a concretarse.
En definitiva, tantas intenciones con muy pocos resultados.












