Este 8 de marzo se conmemoran los 103 años de la multitudinaria movilización convocada por mujeres de Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, la que nucleó a más de un millón de personas, bajo los lemas de Derecho al Voto, Derecho a Ocupar Cargos Públicos, Derecho al Trabajo y a la Formación Profesional, y por último a la No Discriminación Laboral.
A partir de allí, y seguramente desde mucho antes, nuestras compañeras de la vida, han ido forjando con gran esfuerzo, sacrificio y compromiso, el clima indispensable, como para poder crecer, desarrollarse y trasmitir el fantástico mundo que late en su interior; la flama de una vida íntegra, completa, en libertad; la que pedía arder, magnifica, exuberante, brillante, con sus brazos de luz extendidos al firmamento, pero que el más férreo y retrógrado patriarcado, no permitía surgir, oponiéndose con voluntad de hierro, impidiéndole mezquinamente aflorar, procurando ahogar la promesa de aquella incipiente flama, tildándola de mediocre, inadecuada, subversiva y hasta demoniaca.
Generalmente se asevera ligeramente, que no debería haber un día de celebración para la Mujer, pues, para quienes así piensan, el día de la mujer es todos los días; creo que sí, estoy tan de acuerdo, como que el día del Hombre, también es todos los días, pero lo que se celebra, no es el día de la Mujer, sino la movilización como tal; es el grito de auxilio, el grito de alerta, el grito de guerra…Ya no, el gemido sensual de la hembra sometida sexualmente, o el sollozo ahogado de la mujer golpeada. Se celebra el cambio de mirada; ya no la mirada vacía, extraviada en la nada, del ser humano alienado. Ya no, la mirada de rencor, de odio, hacia el que debería ser el amigo, el compañero, en el sendero polvoriento de la existencia, sino la mirada de ilusión, la mirada desafiante, la mirada profunda que nos dice de un ser humano creativo, ingenioso, dispuesto tanto al amor, como a la pelea, pero en pie de igualdad, donde ambos puedan sentarse a una mesa, para compartir el pan y el vino, y poder mirarse a los ojos como tripulantes de la misma nave.
La Mujer sólo pedía caminar junto a, no detrás; la Mujer en su movilización reclamaba igualdad de oportunidades, reconocimiento, y posibilidades ciertas para su desarrollo como ser humano.
Dicho así parece sencillo, la realización de un mero trámite, pero cuando uno aprecia en el mundo de hoy, a pesar de las desigualdades que en muchos lados aún persisten, como han ido floreciendo mujeres y mujeres, llenando por doquier, el jardín de la vida; invadiendo con su aroma, con sus ocurrencias, con su ímpetu y energías, con su conciencia tan despierta como endurecida de tanto machacar, es de suponer que los detractores de la esperanza, acunada en los regazos de tantas mujeres que pudieron ser brillantes, pero fueron anuladas, sabían de la avalancha que sobrevendría a la mínima apertura, y por ello, con sus doctrinas pacatas, pretendieron cubrir el brillo del sol, con el pulgar.
El camino ha sido extenso, tal vez demasiado, para otorgar lo que por derecho natural les pertenece. Pienso que el hombre no debe enorgullecerse por otorgar posibilidades, por conceder un palmo más de derechos; no debe creerse un semi-dios por permitir a la mujer acceder a determinados escalones u ocupar ciertos espacios, pues ellas, al igual que nosotros, están embarcadas en la misma empresa de vivir, de existir, de ser, y por ende, cada uno en su rol, de acuerdo a la biología, de acuerdo a las capacidades, de acuerdo a la preparación, pero todos con la conciencia plena de que conformamos una gran cadena de cerrados eslabones, y que ella será tan fuerte y sólida, como el más debilitado de dichos eslabones.
Debieron pasar sesenta y seis años para que la ONU refrendara aquellos primeros impulsos, en pro de sacudir la modorra, de eliminar la anopsia social, de intentar hacer temblar los viejos y perimidos principios impuestos por el super macho todo poderoso, rector y tutor de cada acción de la vida de sus mujeres, declarando el 8 de Marzo, DIA INTERNACIONAL POR LOS DERECHOS DE LA MUJER Y LA PAZ INTERNACIONAL.
Queda mucho trecho por andar y zapatos que gastar, queda mucha saliva por secar y puertas que golpear, o echar abajo si es preciso; quedan muchas mentes y muchos corazones por abrir, muchos brazos por torcer, incontables puños enardecidos por aplacar, y muchas palabras aun no inventadas, para hacer ver la realidad del alma que se esconde entre faldas y boijou, entre labios pintados y vientres fecundados, entre ojos tiernos y manos crispadas, y que por no comprenderla, nos lleva tantas veces a ignorarla, a agredirla, o lo que es peor, a pretender destruirla.
Que vacío y gris, que yermo, que estéril sería el mundo sin ellas y peor aún, que anodina y sin sentido, que cruel y mal hecha, sería la vereda donde a su vera yacieran, acurrucadas, malheridas y miserables, nuestras otras mitades, nuestros miles de miles, de otras mitades…Y nosotros, allí, de pie, estúpidamente detenidos.
En este, un nuevo aniversario, desde lo más profundo de mi ser, hago votos para que cese la violencia contra las mujeres, para que cesen las golpizas, las agresiones verbales o psicológicas, las muertes alevosas. Hago votos para que el grito rebelde de millones de mujeres y hombres de todo el planeta, se hagan oír en cada rincón, haciendo caer burkas, cadenas, y anacrónicos dogmas, eliminando el índice de orfandad por muerte de las madres y para que cesen las guerras que tantas lágrimas de sufridas mujeres provocan.
Si la realidad no te permite concretar los ideales para tu vida, reúnete con los tuyos, abrázalos, siéntate entorno a una mesa de amigos y disfrútalos, bébelos hasta la última gota, agótalos, pero no se los dejes a los necios depredadores… No sabrían que hacer con ellos.
José Luis Rondán
Taller de Arte “La Guarida” del artista plástico José L. Rondán
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