
Marcelo Brunet, abogado y licenciado en Derecho de la Universidad Católica de Chile y profesor de Teoría Constitucional y Derecho Constitucional, ha escrito en una columna “No creo que Michelle Bachelet sea penalmente responsable. Pero sí lo es, políticamente, con Chile y con las víctimas del terremoto y tsunami. Y los chilenos, a la hora de votar, deberemos tener aquello en consideración”, señala Brunet.
La entonces presidente señaló en conferencia pública que “no hay aviso de tsunami”, cuando ya varias horas atrás el país había sufrido el tsunami en 300 kilómetros de su costa y zona insular.
Bachelet, según narra Brunet, cometió el desatino de desestimar el apoyo foráneo, “no necesitamos ayuda internacional”, dijo a las pocas horas, desdiciéndose del desatino a poco andar.
La mandataria fue irresponsable-señala el artículo- al no decretar de inmediato los estados de excepción post-terremoto que hubiera permitido a las Fuerzas Armadas evitar y prevenir la verdadera anarquía que se produjo en zonas de todo Chile. ¿Cómo olvidar los saqueos, el temor de cientos de desconocer si sus parientes o amigos en el sur estaban seguros ante las hordas que se tomaron las zonas afectadas? ¿Cómo dejar de lado cuando, por ejemplo, en Lota, el alcalde Venegas literalmente rogaba a Bachelet que los militares llegaran a imponer el orden? Estaciones de gasolina en llamas, ráfagas de disparos, histeria colectiva, residentes custodiando las calles contra pandillas de saqueadores. “Es imprescindible que el Ejército esté en nuestra ciudad”, rogaba el edil, sin respuesta de La Moneda.
Luego el articulista recuerda que Michelle Bachelet no coordinó el abastecimiento a la zona de catástrofe. No articuló medidas idóneas para abastecer de agua y alimentos a más de dos millones de habitantes de la zona del epicentro, cuenta Brunet.
Una rápida salida del país
Michelle Bachelet, a los pocos meses del terremoto y tsunami, aceptó ser directora de ONU Mujeres, cargo para el que fue nombrada el 14 de septiembre de 2010 y se fue a radicar a Nueva York, a viajar por el mundo y dar conferencias con todos los gastos pagados por la ONU.
Dejó su país y tomó distancia de los problemas de la nación que acababa de gobernar cuando por responsabilidad debería haberse quedado en Chile para afrontar las políticas de un gobierno de derecha que que si triunfó, en parte se debe a la mala gestión de la propia Bachelet. ¿O de eso no se dio cuenta la exmandataria?.
Prefirió la comodidad de un cargo fuera de fronteras para salir de la escena política de su país. Un cargo que utilizó en su beneficio, para luego renunciar cuando lo estimó conveniente para volver a postularse a la presidencia de su país.
Tratando de ganar votos para ser reelegida Bachelet, aseguró que si vuelve a ser Presidenta “en ningún” caso aplicaría la Ley Antiterrorista, como lo hizo en su anterior mandato en el marco del llamado “conflicto mapuche” y reconoció que “eso fue un error”.
Bachelet dijo que le costó tomar la decisión de ser candidata porque “aspiraba sinceramente a que hubiera un recambio generacional. Se lo dije a cuanta persona pasó por allá, en comidas, en discusiones: ‘Yo creo que es hora de recambio’. Pero no sucedió y por eso estoy aquí”, difícil de creer.
Tratando de justificar por qué se fue del país, dijo: “Yo intenté ser prudente y dejar que todo el mundo hiciera lo que tenía que hacer acá, intenté no interferir, etc. Se dijo que mi presencia impedía el surgimiento de nuevos liderazgos y yo me fui a 10 horas de viaje en avión, y sin embargo, curiosamente, parece que estuve más presente que nunca”, dijo sin falsa modestia.
También su forma de ser le impide pedir perdón por las muertes ocurridas en febrero de 2010, exigencia a la que respondió señalando que “ya vendrá ese momento”, sin aclarar que varios años después sería lógico que lo hiciera, dejando de lado la soberbia.












