Café con trazos: El arte de exagerar bien

Hay algo que ningún aula puede reemplazar: ver a un artista en el acto de crear. Ver la mano moverse, ver cómo una mancha se convierte en un rasgo, cómo el trazo vacila y después decide. Eso es lo que vivieron esos jóvenes en la Sala Saldain. Y al final, la foto grupal con la obra terminada en manos de Faruelo. Una imagen que dice más sobre educación artística que muchos programas

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Por Juan Carlos Barreto.-

Café con trazos sigue recorriendo el país. Y en ese andar nos seguimos encontrando con
estas cosas que suceden, con estos artistas, con estos espacios que demuestran que en
el interior pasan cosas importantes.

Esta vez la parada fue en Rocha, en la Sala de Exposiciones Prof. Eduardo Saldain del
Teatro 25 de Mayo, donde Jorge Faruelo presenta “Treinta Miradas”, una muestra de
caricaturas que permanece abierta al público hasta el 5 de junio, de lunes a viernes de
15 a 19 horas, con entrada libre y gratuita.

Treinta miradas. El título lo dice todo. La caricatura no es simplemente un dibujo
gracioso: es una forma de ver. Es la capacidad de encontrar en un rostro, en un gesto,
en una postura, aquello que lo hace único, y llevarlo al límite justo donde la verdad se
vuelve más verdadera que la realidad misma. Faruelo tiene esa mirada. Y tiene, además,
la valentía de mostrar cómo funciona.

Según el texto de sala, la palabra caricatura proviene del italiano caricare, que significa
exagerar y recargar. Y eso es exactamente lo que hace Faruelo: observa a las personas,
repara en sus rasgos más característicos y los lleva al interior de la figura hasta revelar
algo que la fotografía no puede capturar. Las treinta obras de esta muestra fueron
realizadas en distintos soportes — lápices, acuarelas, pinturas acrílicas — y abordan la
realidad mediática, cultural y política con una mirada espontánea, rápida, humorística y
al mismo tiempo reflexiva.

Jorge Faruelo es montevideano, nacido en 1979, egresado del IPA en Comunicación
Visual y docente hace más de 25 años. Ha expuesto en el Museo Blanes, el Memorial de
América Latina de San Pablo, el World Trade Center de Montevideo y la Cinemateca,
entre otros espacios. Ha sido premiado en Uruguay, Brasil e Israel por su trabajo como
caricaturista y pintor. Hoy dicta clases de Historia del Arte y Comunicación Visual en
bachillerato artístico y difunde la disciplina en radios públicas y Ola Stream Océano.
Porque lo que pasó en la apertura de esta muestra no fue solamente la inauguración de
una exposición. Fue algo más difícil de organizar y más valioso de presenciar: un artista
trabajando en vivo, con liceales de Rocha apretados a su alrededor, mirando cómo nacía
una obra. El tema elegido no fue menor: los Rolling Stones. Mick Jagger, Keith Richards,
esa energía inconfundible que Faruelo fue construyendo pincelada a pincelada mientras
los gurises observaban en silencio, con el celular levantado, con los ojos bien abiertos.

Hay algo que ningún aula puede reemplazar: ver a un artista en el acto de crear. Ver la
mano moverse, ver cómo una mancha se convierte en un rasgo, cómo el trazo vacila y
después decide. Eso es lo que vivieron esos jóvenes en la Sala Saldain. Y al final, la foto
grupal con la obra terminada en manos de Faruelo. Una imagen que dice más sobre
educación artística que muchos programas.

Recorrer la muestra es dejarse llevar por un universo de referencias compartidas. El
guiño cómplice a las grandes mujeres del cine, a los hombres del fútbol. La figura de Luis
Brandoni, recientemente desaparecido, que Faruelo supo capturar con la misma calidez
que el actor transmitía. La música dibujada en sus protagonistas más geniales: Sabina
inmerso en una partitura, convertido él mismo en nota y pentagrama. Batman y Robin
de la primera época, esos héroes de la infancia que muchos llevamos guardados. Y el
Diego, el Maradona campeón del mundo, el Diego de la gente, eterno e irrepetible. El
arte del dibujo al servicio de la comunicación, donde la calidez y la calidad del trazo y la
pincelada dejan entrever vivencias y recuerdos personales, seguramente de la infancia
y la juventud del artista. Una sala llena de color y buen gusto, excelentemente iluminada
y montada, que invita a quedarse y a volver.

Desde Café con trazos, un reconocimiento a Jorge Faruelo por su generosidad con los
más jóvenes, a la Dirección de Cultura de Rocha por sostener estos espacios, y a la Sala
Saldain, que con su rica agenda demuestra lo mucho y lo bueno que hay para ver en
nuestro país.

Buena jornada. Buen café.
Fotos: Roberto Weigel /Sala Saldain