La hipocresía del relato: Cuando los números hablan, el populismo calla

​Mientras la prensa militante se enfoca en las formas de Javier Milei, los datos de la "herencia" demuestran que el kirchnerismo no dejó un país, dejó una bomba de tiempo

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Congreso de Argentina - Foto: ICN Diario

​El kirchnerismo y la izquierda han intentado instalar la idea de que el “papelón” ocurre en el atril del Congreso argentino. Sin embargo, el verdadero papelón —uno que duele, que se siente en la mesa y que humilla— es la estadística que dejaron grabada a fuego en la historia argentina. La indignación de los sectores que gobernaron 16 de los últimos 20 años no es más que un mecanismo de defensa para no mirar el espejo de su propio fracaso.

​El podio de la infamia

​Si vamos a hablar de “bochornos”, pongamos los números de la gestión de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa en perspectiva:

​La fábrica de pobres más eficiente del mundo: Dejaron el poder con una pobreza que rozaba el 41,7% (según INDEC a fines de 2023) y proyecciones de la UCA que la situaban cerca del 45%. Pero lo más criminal es la pobreza infantil: más de 6 de cada 10 chicos (62,9%) terminaron el ciclo kirchnerista siendo pobres. ¿Con qué cara hablan de “vergüenza” quienes condenaron al hambre al futuro del país?

La estafa inflacionaria: Entregaron un país con una inflación interanual del 211,4% en 2023, la más alta desde la hiperinflación de 1990. La izquierda, siempre tan pronta para marchar, guardó un silencio cómplice mientras el “impuesto a los pobres” destruía el poder adquisitivo mes a mes.

El clientelismo como anestesia: Bochornoso es haber mantenido a casi el 42% de la población dependiente de algún tipo de asistencia estatal para no caer en la indigencia, en lugar de generar trabajo genuino. Convirtieron la dignidad del empleo en un sistema de rehenes electorales.

​La izquierda: El “furgón de cola” del desastre

​La izquierda argentina ha dado un espectáculo aparte. Se autodenominan defensores de los trabajadores, pero han sido el apoyo táctico de un modelo que pulverizó los salarios reales. Su crítica al discurso actual no es por los modos, sino por el miedo a perder el control de la calle y de las cajas que florecen en la miseria.
​”No hay mayor papelón que un dirigente millonario hablando en nombre de un pueblo al que dejó hundido en el 50% de pobreza”, explica un analista.

​La realidad mata al relato

​Mientras la prensa militante se enfoca en las formas de Javier Milei, los datos de la “herencia” demuestran que el kirchnerismo no dejó un país, dejó una bomba de tiempo. El verdadero escándalo no es decir la verdad en un discurso, sino haber mentido durante cuatro años mientras se imprimían billetes sin valor para financiar una fiesta que hoy pagan los más humildes.