¡Salvad al Real Oviedo! desde cualquier parte del mundo puedes hacerlo, está en tus manos

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ICNDIARIO se adhiere a la campaña para salvar al Real Oviedo
El movimiento de salvación está siendo seguido por la prensa nacional e internacional como un fenómeno de marketing viral Real Oviedo Club de Fútbol, es una entidad asturiana de prestigio, que se sitúa en una cuenta atrás en la que dirime su futuro: en puridad su existencia. Contra ese estado de cosas la afición se ha movilizado para captar micro-inversores (los macro vendrían por otras vías), las cosas fueron a más y las redes sociales comenzaron a operar. Uno de los iniciadores fue Simon Lowe, corresponsal de The Guardian en España que estudió en la ciudad de Oviedo (Asturias) con el Programa Erasmus de intercambio de estudiantes universitarios entre los países europeos. El 1 de noviembre la red propagó un mensaje sobre el equipo de fútbol: “el club necesita 1,9 millones de euros para no desaparecer”. El Real Oviedo es un clásico de la Liga española que cuenta con 86 años de historia. Hoy se lleva suscrito ya casi 1 millón con la fecha límite de compra fijada el 17 del mes presente.
A día de la fecha los nuevos propietarios del Oviedo residen desde Montreal a Sidney o de Moscú a Bombay y también de Pekín a Buenos Aires.
La sociedad anónima deportiva ha habilitado una web: www.realoviedo.es/yosoyelrealoviedo/ desde la que se puede hacer accionista cualquier habitante del mundo.
Una corriente importante de economistas, en los años sesenta y setenta del pasado siglo, tendía a entender el Estado de Bienestar dentro de un supuesto proceso generalizado de intercambio de elementos entre los ámbitos comunistas y capitalistas concluyendo que ambos se constituían en Sociedades del Bienestar. En el marco de las economías de mercado desarrolladas se defendía que existía una incorporación de elementos “socialistas” tales como los servicios gratuitos o subvencionados así como pagos de transferencias (subsidios o pensiones). Presuponía que éstos iban a la zaga estados comunistas que supuestamente cumplirían en la provisión de estas necesidades reconocidas; antes bien que esto sucediera la diferencia radica en que la calidad y eficiencia mismos era dispar.
Al día de hoy la comparanza entre la realidad de China, Cuba ,Corea del Norte o muchos países excomunistas en relación con la de los países del ámbito Occidental no precisa mucha explicación y lo que sucedía hace unas décadas menos. E iban a más afirmando que en la economía capitalista del bienestar que practicaban algunos estados de esta naturaleza se proseguían políticas tendentes a la obtención de datos macroeconómicos positivos tales como la distribución de la renta, el pleno empleo y crecimiento; asertos todos ellos de inspiración socializante. Pero lo cierto es que el Estado del Bienestar es una manifestación del Occidente democrático, desde el que ha nacido, crecido y adaptado. El mérito está en que espacios en crisis, tales como la península ibérica, el esfuerzo de sus gobiernos se centra especialmente en el mantenimiento de elementos conquistados por las sociedades del bienestar.
Los resultados de la investigación realizada por Asturbarómetro para EL COMERCIO concretan un buen informe en relación a las actitudes de la población asturiana ante la realidad de la actual depresión. Por ejemplo, la crítica a los medios de comunicación queda patente cuando los encuestados les achacan que las informaciones alrededor de la quiebra económica son alarmistas, están condicionados por su tendencia política o sólo destacan lo malo. En esa estela, hace años un libro de Enrique Gil Calvo titulado “El miedo es el mensaje: riesgo, incertidumbre y medios de comunicación” (2003) trataba estos extremos afirmando la naturaleza procíclica de la prensa “retroalimentando y reforzando entonces la percepción de la crisis.” Y no es contracíclica porque sobreviviendo en la fase anterior subraya lo extraordinario y potencia el interés.
Este tema lo ha tratado en el volumen “La economía del miedo” Joaquín Estefanía.
Ni tanto ni tan calvo porque la presente situación tiene otras aristas. Lo cierto, sea como fuere, es el hartazgo del público astur en lo interesado al tratamiento dado por los medios de comunicación al hiato de las economías occidentales en general y particularmente en el caso español. Este fenómeno se verifica análogamente en la economía donde, según George Dalton, los economistas generadores de teorías tipo choque destinadas a mejorar las cuentas son seguidos profusamente, al margen del contraste de las mismas desde una perspectiva real y temporal.
Otro aspecto a destacar es que los asturianos lo tienen claro al responsabilizar a las autonomías, ayuntamientos y especulación de la recesión. Además, atribuyen al anterior Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero la culpa de cómo estamos; sin embargo Mariano Rajoy y su equipo son mayoritariamente exonerados de esa tacha. Los habitantes de Asturias, a la hora de realizar consideraciones amplias, no se muestran significativamente críticos con el euro y los socios europeos incluida Alemania, las opiniones se matizan según la ideología, así los votantes de derecha o centro derecha son los más inclinados a ese pensamiento frente a los de izquierda o centro izquierda los cuales se muestran en desacuerdo con las políticas germanas.
Es palmaria la reclamación ciudadanos de la región sobre la adopción de medidas destinadas al crecimiento y estímulo para vencer la contingencia, pero comprenden, al tiempo, la necesidad de establecer austeridad respecto al gasto público. En Asturias existe, especialmente por su experiencia histórica en el siglo XXI, una cultura social y ciudadana muy madura reflejada ahora, para lo que nos ocupa, en el entendimiento del proceso de soluciones; las cuales precisan una combinación de decisiones en ocasiones aparentemente contradictorias. Si se presenta, en cambio, como algo chocante el dato obtenido del estudio demoscópico al fijar la media de años estimada para salir de la crisis, cifrada en casi siete, con una alta desviación estadística indicadora de la disparidad de criterio entre los optimistas frente a otros apocalípticamente pesimistas (alguno ve la salida del túnel en un horizonte de ochenta años).
En estas posiciones estamos ante algo trepidando en lo profundo: el anhelo de esperanza en la superación de las circunstancias actuales. Los políticos deben gestionar y hacerlo bien, es algo evidente, sin embargo existe otra preferencia social que consiste en la exigencia de ejercicio del liderazgo. Dicho en otros términos, generar expectativas consistentes. Sigue vigente hoy todavía un viejo debate sobre el papel representantes públicos en medio de la tempestad, para unos deben coordinar los recursos des despachos, para otros su lugar está con la gente sobre el terreno. El entonces canciller alemán Gerhard Schröder, en las inundaciones teutonas del año 2002, se presentó en los terrenos asolagados siguiendo la segunda hipótesis. Consecuencia fue la victoria, por los pelos, en los comicios de ese año, en principio perdidos. El político tiene un ámbito para el desarrollo de proyectos y programas, no obstante tengo para mí que es tesis la cuestión de la demanda imperiosa también del responsable dedicado a liderar.
La gente aguarda soluciones pero es comprensiva y paciente. Hay modelos en posición de superación del círculo vicioso, éstos dentro de poco, muy probablemente, entrarán en virtuosismo. Por quedar en el noroeste ibérico, si los gallegos se han hecho un favor votando por Núñez Feijoó. Más cerca está Oviedo, ciudad en la cual se juega al futuro con su alcalde, Agustín Iglesias, implantando una nueva y vanguardista tendencia de hacer y estar, nada improvisada. A esa fórmula se añade la voluntad inequívoca de un compromiso con la capital para los próximos años dando fuerza a su idea ovetense “haciéndola crecer y dándole espacio.”