Venecia y su magia: una recorrida con ojos sudamericanos

Describir en tan sólo una nota la exuberancia, la magia y belleza de esta antigua ciudad del Norte italiano, es imposible, por lo que me limitaré a expresar que, en cada rincón, en cada vereda, columna, pared o ventanal, la historia le dice al visitante de su largo camino, desde los antiguos pescadores y salinas de la primera hora (S. V), hasta el presente S. XXI. bullicioso, convulsionado y curioso

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Foto: José Luis Rondán/ICN Diario

Por José Luis Rondán – Redactor de ICN Diario.-

Siguiendo con nuestro cometido de adentrarnos un poco en la tan hermosa como atractiva Venecia, arribando provenientes de Madrid (conexión), al aeropuerto Internacional Marco Polo, nos abocamos a la dura experiencia de sumergirnos sin más, en las intrincadas callejas y pasillos de esta milenaria ciudad plagada de desniveles y escaleras atestada de turistas (Recibe casi  20.000.000 cada año) y bajo un sol sofocante que elevaba la temperatura a más de 30 grados; a ello debemos agregarle la cargas de incontables valijas conteniendo ropas para un mes y equipo de trabajo.

Teníamos la dirección del apartamento que habíamos alquilado desde Montevideo, pero si bien nos agotamos pidiendo instrucciones para llegar a él, tardamos casi tres horas en encontrarlo.

Un buen amigo circunstancial nos asistió y fue el mozo de un restaurante quien dio por fin con nuestra dirección. Un baño reparador, desarmar las valijas, ordenar algunas cosas y a la calle. ¡Venecia estaba ahí para nosotros!

Como icónica ciudad eminentemente turística, exhibe precios bastante altos, por lo que en principio acordamos cuidar nuestro dinero y tarjetas para no excedernos, ya que en definitiva recién daba inicio este periplo que debía finalizar en el Vaticano en algo poco menos que un mes.

Acuarela de José Luis Rondán

Como expresara en una anterior nota, en la ciudad no existen vehículos motorizados por lo que el medio de transporte usado es el Vaporetto, bus acuático, las góndolas o las embarcaciones taxis los que van y vienen por cada canal atestados de visitantes, alternando de vez en vez la poesía de la navegación por el pasaje raudo de lanchas policiales o alguna ambulancia con sus sirenas abiertas.

A los lados, una cadena interminable de trattorias y restaurantes ofrece una gama amplísima de productos gastronómicos, buenos vinos, birra o aperol.

No nos daban los agotados pies para recorrer cada sitio, cada rincón, cada edificio, puente o canal.

Plaza San Marcos, Palacio Ducal, Puente Rialto (el más antiguo de los cuatro que cruzan el Gran Canal), la librería Acqua Alta, la que resguarda sus libros ante las periódicas subidas del agua, en góndolas o bañeras cada vez que la marea llega e inunda edificios, calles y patios.

Caminando a tientas, porque en la enmarañada Venecia de nada valen los planos, siendo más interesarte dejarse perder entre esos antiquísimos muros, pudimos hacernos de mil historias, conocer talleres donde los artesanos realizan las maravillosas máscaras del afamado carnaval de Venecia, charlar con cantidad de inmigrantes, casi todos provenientes de Bangladesh, quienes realizan las tareas más desagradables o pesadas que por lo general los lugareños se rehúsan a realizar; acertando durante nuestra estadía a coincidir con una tradicional regata donde convergen en el Gran Canal cientos de embarcaciones de los más diversos clubes de cada uno de los seis barrios de la ciudad, además de un llamativo desfile de naves de diferentes épocas de la ciudad, cuyos tripulantes iban ataviados de acuerdo a esos tiempos.

El calor agobiaba, pero el agua del Adriático bañando la ciudad, más alguna bocanada de aire fresco y el exquisito lugar que habíamos logrado en un coqueto bar junto al agua donde las frías cervezas refrescaban nuestras gargantas, hacían que él fuera solo una leve molestia.

Describir en tan sólo una nota la exuberancia, la magia y belleza de esta antigua ciudad del Norte italiano, es imposible, por lo que me limitaré a expresar que, en cada rincón, en cada vereda, columna, pared o ventanal, la historia le dice al visitante de su largo camino, desde los antiguos pescadores y salinas de la primera hora (S. V), hasta el presente S. XXI. bullicioso, convulsionado y curioso.

Fue en este periplo que conocimos la trattoria La Divina Comida, donde su propietario Ferando Nappa nos allanó bastante el camino, ayudándonos con los pasajes en la compañía Freccia Rossa hacia las siguientes ciudades donde teníamos previsto visitar.

Un gran consejo para quien decida visitar Venecia es estar bien entrenado, pues absolutamente todo se hace a pie, todo se resuelve andando por lo que es importante viajar cómodos además de ser cuidadosos con las pertenencias.

Venecia nos despidió con la misma magia con la que nos había recibido tres días antes y nos hizo prometer en el derivar de una de sus góndolas, que algún día volveríamos.

Foto: José Luis Rondán/ICN Diario