El régimen sanchista

España no se merece caer por esta pendiente autoritaria. La defensa de la justicia, la división de poderes, la soberanía nacional y la dignidad democrática deben levantarse con firmeza ante un Gobierno que ha decidido convertir las instituciones del Estado en su cortijo personal

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Los regímenes autoritarios contemporáneos en algunos países no suelen nacer del ruido de los sables ni de tanques tomando las plazas públicas; se construyen desde el despacho ministerial, con boletines oficiales y bajo una apariencia de legitimidad jurídica. España atraviesa hoy uno de los episodios más oscuros e inquietantes de su historia democrática reciente bajo la deriva autoritaria e inescrupulosa del régimen sanchista.

Lo que comenzó como una política de pactos cuestionables para amarrarse al sillón del poder se ha transformado en un sistema inoperante, acorralado por la corrupción e implicado en una ofensiva frontal contra el Estado de derecho que evoca los peores tics dictatoriales del régimen de Nicolás Maduro.

Las cloacas del PSOE y la orden contra la jueza Biedma

La degradación moral e institucional del gobierno de Pedro Sánchez ha alcanzado cotas insostenibles, cruzando líneas rojas que dinamitan la separación de poderes:

Persecución y hostigamiento criminal: Las cloacas del PSOE se han reactivado con la orden deliberada de silenciar y neutralizar a la jueza Beatriz Biedma, instructora que investigó los presuntos delitos de corrupción del hermano del presidente (“caso Hermanísimo”).
Intimación mafiosa en las calles: Seguimiento de la magistrada con el clan de los Rochos y hoy la gravedad de los hechos quedó al descubierto cuando la propia magistrada denunció ante la Policía que el exjuez Sáenz de Tejada —estrechamente vinculado al entramado y a las cañerías del partido oficialista— la siguió de cerca en vehículo hasta la puerta de su domicilio tras declarar en la Audiencia Nacional. Fue la propia hija de la instructora quien la alertó de cómo el coche se les ponía en paralelo en un claro acto de amedrentamiento. Cuando la justicia es incómoda para Moncloa, el régimen activa su aparato parapolicial para amedrentar a los jueces independientes.

Un entramado de corrupción e impunidad institucional

Los escándalos no son hechos aislados, sino piezas de un mismo engranaje de impunidad para garantizar la permanencia en el poder:

El oro de Maduro en Barajas: El vertido de las maletas y las barras de oro de Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas, con la complicidad directa de José Luis Ábalos, Koldo García y mediadores del entorno del PSOE, expone una alianza oscura con la dictadura venezolana y la sospecha de financiación ilegal, sumada a las habituales gestiones del expresidente Zapatero.
Corrupción sistémica y círculo familiar: De los casos Koldo, Ábalos y Cerdán y las mordidas de Plus Ultra al uso de fondos públicos para prostíbulos, las joyas de Zapatero y favores políticos. A esto se suma la imputación judicial de Begoña Gómez, esposa del presidente, de David Sánchez y las causas que acorralan al entorno directo del Palacio de la Moncloa.

La crisis de Ceuta: desinterés y cesión de soberanía

En el plano de la soberanía nacional, la inacción del Gobierno ante la crisis migratoria y la invasión que sufre Ceuta roza la negligencia. Sánchez muestra un desinterés absoluto por solucionar la emergencia y proteger las fronteras del sur, prefiriendo claudicar y guardar silencio ante las provocaciones e incursiones de Marruecos con tal de evitar fricciones diplomáticas que minen su agenda personal.

Pucherazo electoral y asalto a la justicia

A esta parálisis exterior se le suma un auténtico pucherazo institucional. El Ejecutivo pretende engañar al Tribunal Supremo instrumentalizando la Ley de Memoria Democrática (“Ley de Nietos”) para manipular el censo electoral en el extranjero. Esta maniobra de ingeniería demográfica busca alterar la contienda democrática y asegurar votos a medida para el PSOE.

Camino hacia la tiranía

Pedro Sánchez ha demostrado que no tiene escrúpulos para mantenerse en el poder. Colonizando la Fiscalía, desplegando el terror sobre los jueces, asaltando la separación de poderes y utilizando las cloacas del Estado para acosar judicial y físicamente a quienes le investigan, el sanchismo avanza sin frenos hacia una autocracia de corte caribeño.

España no se merece caer por esta pendiente autoritaria. La defensa de la justicia, la división de poderes, la soberanía nacional y la dignidad democrática deben levantarse con firmeza ante un Gobierno que ha decidido convertir las instituciones del Estado en su cortijo personal.