Crónica de un desastre anunciado: la agonía de Peñarol y la complicidad del silencio

Peñarol, un equipo sin rumbo

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Foto CAP

Lo que vive Peñarol en este momento no es una simple mala racha; es una crisis de incoherencia absoluta y un papelón institucional sin atenuantes. El equipo está a la deriva, conducido por un cuerpo técnico que hace tiempo perdió el rumbo, se quedó completamente sin ideas y demuestra una alarmante falta de dignidad al negarse a dar un paso al costado por el bien de la institución.

La incapacidad para leer los partidos y gestionar los cambios roza lo grotesco. Frente a Juventud quedó pintada de cuerpo entero la ineptitud táctica: sacar al mejor de la cancha, Alegre, para meter a Barboza —quien no tardó en hacerse expulsar irresponsablemente— es el reflejo de un banco de suplentes desorientado. Y lo de Javier Cabrera ya es insostenible: titular inamovible pese a que defecciona un día sí y otro también. Para colmo, el “Cangrejo” se da el lujo de encarar mal al único  que intenta algo en este Peñarol alicaído, Jaime, un joven que no tiene por qué cargar con las ínfulas de compañeros que no aportan absolutamente nada.

El delirio táctico no se detiene ahí. Cuesta comprender cómo se margina a un desequilibrante nato como el Cepillo González —que ya le salvó las papas al equipo las pocas veces que lo pusieron— para darle pista al Cabecita Rodríguez. Mientras tanto, se sigue recurriendo por capricho a futbolistas que hace rato demostraron no estar a la altura de esta camiseta y son varios y Aguirre sigue apostando a ellos inexplicablemente.

Una directiva pasiva

Pero la culpa no es solo de quienes pisan el césped. La responsabilidad más grave recae sobre un Consejo Directivo, una dirigencia pasiva y cómplice que brilla por su ausencia. Todos guardan un silencio sepulcral ante el descalabro y las imposiciones, incluidos esos falsos opositores que hoy se callan la boca para cuidar sus quintitas, dándole la espalda al socio y al hincha.

El margen se redujo a la nada misma. A esta altura, que queden pocas fechas no es excusa: cualquier cambio en el banco de suplentes aportará, por decantación, la rebeldía y las ideas de las que hoy carece absolutamente este cuerpo técnico. Peñarol es mucho más grande que sus actuales verdugos, y urge una limpieza de actitud urgente antes de terminar de tirar la temporada por el abismo.

Y las redes explotan