Las nuevas competencias atribuidas al Parlamento en 2009 deberían hacer que las elecciones de la próxima primavera sean las más interesantes de todas las celebradas desde 1979.
Como consecuencia del cambio en el equilibrio de poderes de la UE, favorable al Parlamento, una de las primeras tareas que tendrán que realizar los nuevos eurodiputados será aprobar el nombramiento del próximo presidente de la Comisión Europea.
El nuevo sistema, establecido por el Tratado de Lisboa, exige que los jefes de Estado o de Gobierno basen el nombramiento del candidato en los resultados de las elecciones. Esto significa que el Parlamento también tendrá más peso en la selección de los comisarios.
Lograr el compromiso de los electores
Otro de los cambios previstos en las elecciones de mayo es que, por primera vez, los grupos políticos propondrán candidatos para el puesto de presidente de la Comisión.
El Partido de los Socialistas Europeos (PSE), de centroizquierda, ya ha seleccionado a Martin Schulz, eurodiputado alemán y actual presidente del Parlamento, como su candidato oficial para el cargo.
La Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE), de centro, elegirá el mes que viene a su candidato entre Olli Rehn, comisario finlandés de la UE, y el antiguo primer ministro belga, Guy Verhofstadt.
Entretanto, aproximadamente media docena de personas, entre las que se cuentan cuatro actuales y antiguos primeros ministros, se disputan el papel de candidato del Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, que probablemente tomará la decisión en marzo.
Los Verdes elegirán a su candidato a partir de una lista de cuatro posibles candidatos mediante unas elecciones primarias en línea.
Combatir la apatía de los electores
Se espera que los cambios ayuden a suscitar un mayor interés en las elecciones e inviertan la tendencia negativa de la tasa de participación, que solo llegó al 43% del electorado en 2009.
Un sondeo de opinión efectuado el año pasado puso de manifiesto que el 62% de los encuestados creía que la tasa de participación aumentaría si los candidatos a ocupar la presidencia de la Comisión estuvieran afiliados a partidos políticos y si las elecciones se celebraran el mismo día en toda Europa.
Con el nuevo sistema, por primera vez, los electores europeos intervendrán directamente en el nombramiento del próximo dirigente de la Comisión, lo que debería aumentar la legitimidad democrática de la UE.









