Por Paco Tilla.-
El espectáculo rioplatense nos regaló otro capítulo inolvidable del análisis periodístico sin escalas ni archivo. La conocida opinóloga argentina Laura Ubfal volvió a quedar en el centro de la escena tras protagonizar un desopilante derrape al opinar, con una soltura envidiable pero una precisión nula, sobre la realidad uruguaya y el panel de Gran Hermano Uruguay.
Con el tono categórico de quien cree estar develando un entramado de poder, la septuagenaria chimentera decidió enarbolar las banderas del rigor moral para denunciar a los cuatro vientos un supuesto caso de “nepotismo”. ¿El motivo del escándalo? La llegada a la pantalla chica de Luis Lacalle Ponce de León, el joven influencer que busca abrirse paso por sí solo en el mundo del entretenimiento y la televisión.
Sin embargo, a la hora de armar su acusación mediática, la investigación de la panelista hizo agua por todos lados. En un festival de imprecisiones donde la verificación brilló por su ausencia, la anciana figura del espectáculo insiste en hablar de política donde solo hay farándula, confundiendo nombres y roles con una impunidad asombrosa. Para la veterana comunicadora —que desde hace tiempo parece actuar más como influencer del chisme que como periodista rigurosa—, que el hijo de un expresidente trabaje en el debate de un reality show representa casi un asunto de Estado.
La realidad, bastante más terrenal y menos conspirativa, indica que el joven es influencer, se llama Luis Lacalle Ponce de León —y no Lacalle Pou, como repite la panelista en su arrebato— y jamás ha trabajado en la función pública ni en política. De hecho, su comunidad en redes sociales responde a su perfil mediático y generacional, contando con seguidores que ni siquiera son partidarios de la línea política de su progenitor.
Tratar de vender como “acomodo estatal” o “nepotismo” que un joven intente construir su propia carrera en un panel de televisión abierta es una acrobacia conceptual desmedida y miserable. Pero en el espectáculo sensacionalista, donde chequear un dato básico antes de abrir la boca parece un lujo olvidado, resulta mucho más fácil lanzar titulares rimbombantes que admitir el puro desconocimiento. Entre lagunas teóricas y dramatismo barato, la farándula vuelve a demostrar que hablar sin saber sigue siendo su deporte favorito.
A la veterana chimentera de los dientes de equino la edad avanzada le juega una mala pasada y llamarla “periodista”, es una ofensa a la noble profesión.
Primicia, en todos lados se teje nepotismo.
Luis Alberto Lacalle Pou, de 22 años, hijo del ex presidente del país, será panelista en la primera edición de “Gran Hermano Uruguay” que empieza este domingo pic.twitter.com/oanoNbng3k— Laura Ubfal (@laubfal) September 18, 2026











A Laura Ubfal le viene bien el poema de Leopoldo Lugones:
La basura que barre,
no deja de ser basura
aunque por los aires suba,
basura será en el aire.
Una pobre mujer que está hablando de un pibe de 22 años que no hace política, trabaja de lo que le gusta y eso para esta señora oscura es “nepotismo”. No se puede ser tan miserable.