Mientras España se desangra en un doble frente crítico, la distancia entre los gobernantes y los ciudadanos nunca había sido tan abismal. En una semana trágica, marcada por una ola de incendios forestales sin precedentes que ya devora decenas de miles de hectáreas en la península, y la peor crisis fronteriza e institucional en Ceuta, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido que su descanso estival en el palacio residencial de La Mareta es intocable.
La indignación, que ya resuena con fuerza en los principales diarios europeos como el alemán Bild o los británicos The Times y The Telegraph, no solo nace de la pasividad del líder del Ejecutivo, quien no dudó en promocionar listas de música en redes sociales en mitad de la tragedia. Nace, sobre todo, del asombroso contraste de prioridades: mientras Moncloa despliega un perímetro de seguridad marítima masivo en Lanzarote para proteger la intimidad veraniega del presidente, la valla fronteriza del sur sufre la desprotección y el desborde absoluto.
Sin embargo, el agravio más doloroso para la ciudadanía es institucional y humanitario. En un gesto de profunda empatía y responsabilidad de Estado, el rey Felipe VI solicitó formalmente viajar a Ceuta. El monarca pretendía personarse en la ciudad autónoma para infundir apoyo y cercanía a una población desamparada, asustada y al límite. Pero la respuesta del Ejecutivo fue un portazo rotundo en forma de veto.
Amparado en la prerrogativa constitucional de refrendar la agenda exterior de la Corona, el Gobierno ha vuelto a priorizar el cálculo político y la sumisión diplomática frente al auxilio moral a sus propios compatriotas. Resulta del todo inexplicable e inhumano que, mientras el presidente desconecta bajo el sol canario en un complejo de lujo, se le impida al jefe del Estado cumplir con su deber más elemental: estar al lado de los españoles en los momentos de mayor vulnerabilidad.
Privar a los ceutíes del abrazo y consuelo de su Corona no es alta política; es una alarmante desconexión de la realidad y una preocupante falta de sensibilidad humana. España arde y sus fronteras tambalean, pero en La Mareta parece que la única prioridad es que nada perturbe el silencio y el descanso de Sánchez, rodeado de la imputaciones de corrupción de su entorno familiar y de dirigentes del PSOE.
El número de fallecidos oficiales tras la crisis migratoria y entrada masiva registrada en Ceuta a finales de julio de 2026 se sitúa entre 86 y 88 muertos según las autoridades locales y gubernamentales, aunque diversas organizaciones y estimaciones extraoficiales calculan que la cifra real podría superar el centenar.
¡Ah, pero lo importante son las vacaciones de Sánchez!













