Lo que está sucediendo en la residencia presidencial de Paraguay no es diplomacia; es una claudicación ética de proporciones históricas, explican analistas. Que Paraguay, utilizando su presidencia pro tempore del Mercosur, pretenda tenderle una alfombra roja al régimen de Nicolás Maduro es mucho más que un error de cálculo: es una bofetada a la memoria democrática del continente y una validación directa de un régimen del terror.
Resulta increíble escuchar al ministro Marco Riquelme hablar de “reincorporación” con una naturalidad pasmosa, como quien invita a un vecino molesto a una parrillada, ignorando que ese “vecino” tiene las manos manchadas de sangre y las instituciones secuestradas. ¿En qué momento el gobierno paraguayo decidió que el Protocolo de Ushuaia era papel higiénico? ¿Desde cuándo la “cláusula democrática” es negociable a cambio de promesas comerciales vacías o alineaciones ideológicas opacas? Este es un gobierno de facto que ha tomado el poder en Venezuela a través del fraude.
El club de los cómplices
La propuesta de Paraguay no es solo un agravio al pueblo venezolano, que sigue esperando ver las actas de un fraude electoral descarado; es una validación de figuras nefastas como Diosdado Cabello y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. Al abrirles la puerta del Mercosur, el gobierno paraguayo se convierte en el lavandero de imagen de una dictadura de facto que no ha escatimado en violar derechos humanos para perpetuarse.
Es alarmante ver cómo Paraguay se aleja de la defensa de la libertad para posicionarse en el bando de los facilitadores de la autocracia. Al apoyar a un régimen ilegal que se sostiene sobre el miedo y la manipulación, Asunción está enviando un mensaje devastador al resto del mundo: en nuestra región, la democracia tiene precio y el autoritarismo tiene amigos.
Un silencio cómplice que aturde
Si los socios plenos permiten que esta iniciativa prospere, el Mercosur dejará de ser un bloque de integración para convertirse en un santuario de dictadores. No se puede reincorporar a Venezuela al Mercosur, sin elecciones democráticas previas. Entonces la lucha de María Corina Machado y los miles de opositores ha sido en vano y los 8 millones de venezolanos que salieron huyendo de la feroz dictadura, ven otra vez sus ilusiones de libertad nuevamente postergadas.
La administración actual de Paraguay parece haber olvidado lo que cuesta recuperar la libertad después de décadas de autoritarismo. Hoy, al abrazar a los herederos de Maduro y su séquito de cómplices, el gobierno paraguayo mancha su camino y se coloca en el lado equivocado de la historia. No es pragmatismo, es complicidad con el terror. Es, sencillamente, inadmisible.













