
Lo que estamos presenciando en Venezuela no es política, es el espectáculo patético de una banda de delincuentes acorralada. Que nadie se deje engañar por el disfraz de institucionalidad de la presidenta de facto, Delcy Rodríguez, ni por las maniobras leguleyas de su hermano, el cínico Jorge Rodríguez. Si hoy abren las rejas de las mazmorras del régimen para soltar a cuentagotas a los presos políticos, no es por clemencia; es por pánico puro y duro.
De “Yankees go home” a “Yes, Sir”
Es digno de un estudio sobre la cobardía observar la metamorfosis de estos personajes. Los mismos que ayer se desgañitaban en tarimas gritando consignas contra el “imperio” y quemando banderas estadounidenses, hoy guardan un silencio sepulcral o modulan su voz con una docilidad servil.
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Delcy y Jorge Rodríguez: Los arquitectos del relato victimista ahora se encuentran de frente con una realidad que no pueden manipular con discursos vacíos en la ONU. Saben que el tiempo de las palabras se acabó y ahora también cerrarán el Helicoide, el mayor centro de torturas de Venezuela. El miedo y el terror que imponían al pueblo, hoy les vuelve como un boomerang.
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Diosdado Cabello: El otrora “hombre fuerte” y matón del mazo, cuya agresividad parece haberse disuelto. El que amenazaba con invadir países vecinos hoy solo mira de reojo hacia el Norte, consciente de que su nombre encabeza las listas de quienes no tendrán dónde esconderse.
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Padrino López: El general que juró lealtad eterna a la tiranía ahora ve cómo el uniforme le queda grande ante la posibilidad de un desenlace que ya no puede controlar y cada noche siente el miedo a que lo detengan y terminar en manos del imperio.
El miedo a compartir el destino de Maduro
La supuesta “generosidad” del régimen tiene un solo origen: la pistola que Donald Trump ha puesto sobre la mesa. No es una presión diplomática elegante; es la amenaza real de un final catastrófico.
Estos “corderos sumisos” han comprendido que el paraguas protector se ha roto. El temor que les quita el sueño no es el bienestar del pueblo venezolano, sino terminar exactamente igual que Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores: cercados, señalados como criminales internacionales y con el mundo convertido en una celda gigante.
Conclusión
No hay honor en esta amnistía, solo hay supervivencia criminal. Delcy, Jorge, Cabello y Padrino no están gobernando; están negociando las condiciones de su rendición mientras intentan limpiar, tarde y mal, sus expedientes manchados de sangre. El chavismo ha pasado de ser un proyecto de poder a ser una fila de fugitivos potenciales que, ante el temor de la fuerza, finalmente han aprendido a obedecer. Se les acabó el guion y solo les queda el terror de pagar por lo que hicieron.












