El show de la sumisión: Delcy Rodríguez y la farsa del “clamor” por Maduro

Aquellos que ayer vociferaban contra Washington, hoy se muestran como corderos mansos, movidos por el hilo invisible de una administración estadounidense que los tiene plenamente identificados y que cuando ya no sean útiles terminarán de la peor manera

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Delcy Eloína Rodríguez, más conocida como La Cacatúa

El teatro político venezolano ha alcanzado un nivel de cinismo que roza lo patético. Mientras las cúpulas del poder intentan mantener una fachada de lealtad inquebrantable, las costuras del régimen se rompen bajo el peso de la realidad: la absoluta dependencia de las órdenes que llegan desde el norte y el miedo paralizante a un destino tras las rejas.

De la retórica anti-imperialista al servilismo silencioso

Durante años, el discurso oficial se alimentó de un odio coreografiado hacia “el imperio”. Sin embargo, las máscaras han caído. Hoy, figuras como Delcy “Cacatúa” Rodríguez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López actúan más como piezas de un tablero ajeno que como líderes soberanos. Aquellos que ayer vociferaban contra Washington, hoy se muestran como corderos mansos, movidos por el hilo invisible de una administración estadounidense que los tiene plenamente identificados.

El temor no es a la historia, sino a la justicia. Saben que su utilidad tiene fecha de vencimiento y que, en el momento en que dejen de ser funcionales a los intereses estratégicos de Donald Trump, su protección desaparecerá. No hay valentía en sus acciones, solo instinto de supervivencia.

La farsa del “amor” en X

La reciente publicación de Delcy Rodríguez en la red social X es el epítome de esta hipocresía. Hablar de una “emotiva muestra de amor en el cielo de Caracas” para pedir la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores no es más que un trámite burocrático del engaño.

“Es un posteo vacío, diseñado para simular una lealtad que ya no existe en los pasillos de Miraflores”, explican analistas.

En el fondo, el cálculo político es frío: para quienes hoy ostentan las sobras del poder, el regreso del “tirano” es más un obstáculo que una solución. Mantener su nombre en redes sociales es una estrategia de control de daños, una forma de decirle a las bases que “aún se acuerdan”, mientras por debajo de la mesa se negocian cuotas de impunidad.

El cinismo como última defensa

Ninguno de ellos quiere realmente la vuelta de Maduro. El vacío que dejó el líder ha sido rápidamente llenado por las ambiciones de sus herederos, quienes prefieren la comodidad de acatar órdenes externas antes que arriesgar lo poco que les queda defendiendo a un hombre cuya sombra se desvanece.

Las horas están contadas, no porque el pueblo lo exija, sino porque el servilismo tiene un límite: la irrelevancia. Cuando el “amo” decida que ya no son necesarios, ni todos los posteos de X ni todas las luces en el cielo de Caracas podrán salvarlos del juicio de la realidad.