Por Fernando Portillo
A mi abuela materna le decían Maruja, nosotros seis sus nietos, la llamábamos ¨Iaia¨, con dos i latinas, la bautizamos cuando éramos chicos y así la identificamos por siempre.
Ella siempre añoró tener un techo propio, para ello depositaba religiosamente todos los meses cuando cobraba su pensión lo que podía en su cuenta para tener su casa nueva a través del Banco Hipotecario del Uruguay.
Amaba a su familia, la playa, el cine y Peñarol y fue ella siendo mi abuela y madrina la que me convirtió en hincha de los ¨manyas¨ pese a que mi familia todos eran bolsos. Supongo que a mi viejo no le debió de hacer ninguna gracia, pero nunca me dijo nada al respecto.
Siendo chico iba seguido a su casa en Punta Carretas, frente a la Panadería Alemana donde me compraba bizcochos que me encantaban; a unas pocas cuadras de la Cárcel por donde pasaron tantas almas, los Tupas, que pudieron burlarla y hoy es un shopping cheto.
En verano bajábamos a la rambla para ir a la playa la Estacada, allí nos ubicábamos en las rocas, porque no le gustaba la arena.
Al abuelo Carlos lo veía solo en las noches, era periodista, su último trabajo fue en el diario El Plata, todos los fines de semana trabajaba en el Hipódromo de Maroñas y editaba el programa de las Carreras Clásicas del Jockey Club, una vez me llevo y quedé embelesado con los trajes de los Jockeys de diferentes colores y brillantes mientras se pesaban.
También laburaba en el Teatro Solís, allí conoció a Carlos Gardel y muchos artistas famosos, hecho que me tenía asombrado ¡
Se lo podría definir genéricamente como afectuoso, parco, delgado, bigote, gomina, camisa blanca y traje gris.
El abuelo Carlos falleció y la vida de ¨Iaia¨ cambio, comenzó a visitarnos y pasaba todo el fin de semana con nosotros, cuando mis padres viajaban al interior del país por el trabajo de mi viejo, ella nos venía a cuidar.
En el verano se instalaba en nuestra casa ubicada en la zona del barrio de Nuevo Paris y todos los días nos llevaba a La Estacada.
Era una odisea, caminábamos más de diez cuadras al rayo del sol desde las calles Garzón y Pena hasta Carlos Maria Ramirez donde tomábamos el ómnibus con destino Pocitos, al llegar unas cinco cuadras más hasta la playa. A eso de las siete de la tarde emprendíamos el regreso.
Ella llevaba un gran bolso de color verde con el que viajaba a todos lados.
Hubo un día en el que me quería coser el botón de una camisa y comenzó a buscar su costurero en dicho bolso, revolvía en el mismo y no lo encontraba, por lo que empezó a sacar cosas de este, bolsas de nylon, cajas pequeñas y grandes de cartón, peines y cepillos, cosméticos y una herradura de caballo, cuando la vi, asombrado le pregunté para que llevaba eso y me contestó: ´Para la suerte, Fernandito, para la suerte…¨, finalmente me arreglo el botón…
Mi abuela se llevaba muy bien con mi padre y cuando se acercaban las elecciones le preguntaba: ´Luis Fernando a quien vas a votar? ¨, siempre el candidato era del Partido Nacional, ella asentía sin más discusión.
Llegó una elección nacional en la que no le hacia la pregunta de estilo sobre el candidato a votar, al viejo y eso lo tenía preocupado, entonces lo habló con Mabel mi madre, la que le aconsejó que lo hablara el próximo fin de semana cuando viniera.
Recuerdo que mi padre estaba como agazapado ese fin de semana cuando ella llegó esperando el momento apropiado para sacar el tema electoral. Finalmente se tiró al agua y le dijo: ¨mire que vamos a votar a un candidato del Partido Nacional¨ y ella le contesto que en esas elecciones iba a votar nuevamente a su Partido Colorado, porque estaba liberada para hacerlo. Mi viejo quedo con la boca abierta y sin palabras, mi mamá la miraba fija sin entender, ¨Iaia¨ contó entonces la razón de su supuesta nueva posición política.
Resulta que ella era nacida en el Departamento de Flores y toda su familia al igual que ella eran Colorados, pero ante una necesidad urgente de uno de sus hijos, el tío Eduardo, recorrió todos los despachos de los legisladores Colorados sin éxito en su solicitud, hasta que habló con el Diputado Tejera del Partido Nacional el que le soluciono el problema y Doña Maruja, como le decía mi papá, le prometió al Representante su voto al Partido Blanco y como Don Tejera había fallecido, había quedado liberada de su promesa, la que había cumplido religiosamente en cada votación.
Un día ¨Iaia¨ se enfermó, mi madre y su hermana Graciela la llevaron al Hospital de Clínicas donde quedo internada por largo tiempo. Recuerdo que mi padre le pregunto a mi vieja porque no se había internado en un Sanatorio Privado y esta le dijo que había dejado de pagar la Sociedad Médica para depositar más dinero en el Banco Hipotecario y así poder comprar una casa propia, su sueño de toda su vida y hecho que todos desconocían, pues hasta su ultimo día antes de internarse siempre se manejó y movió sola.
Fue una abuela cariñosa y compañera que nunca vimos enojada, nos llenaba la mente de sueños y emociones contándonos un cuento tras otro en el jardín de la casa de Garzón todas las noches de verano, pero el ¨Barba¨ se la llevó…
Lloré solo su perdida.
Pasados unos días mi madre me dio un sobre con papeles raros dentro y le pregunte que era, me respondió: ¨antes de morir tu abuela me dijo que te dijera que nunca te había regalado nada importante y me dio esos papeles del Banco Hipotecario que son la transferencia a tu nombre de su cuenta para la compra de una casa nueva y además su herradura de la suerte…¨













