Zapatero, el principal lavador de cara de la estructura chavista defiende la cuestionada Ley de Amnistía como “referente para el mundo”

Bajo el pretexto de una "reconciliación" que ignora a las víctimas y la realidad de las cárceles venezolanas, el expresidente español vuelve a actuar como el principal lavador de cara de la estructura chavista

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El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, junto a su contratado Zapatero

​CARACAS / MADRID – En una nueva exhibición de lo que la oposición democrática califica como “diplomacia de claudicación”, José Luis Rodríguez Zapatero ha reaparecido este martes en la Asamblea Nacional de Venezuela para bendecir la cuestionada Ley de Amnistía impulsada por el oficialismo. Sin ambages, el exmandatario español ha tildado la medida de “referente para el mundo”, unas palabras que han caído como un jarro de agua fría sobre las familias de los presos políticos que aún aguardan justicia. Desde luego que Zapatero no viaja a Caracas gratis.

​Un guion escrito a dos manos

Flanqueado por Jorge Rodríguez —figura clave del aparato chavista—, Zapatero no solo elogió la celeridad de la norma, sino que se atrevió a compararla con procesos europeos, intentando dotar de una legitimidad internacional a un texto que, según expertos jurídicos, deja fuera a numerosos perseguidos y sirve más como herramienta de propaganda que de pacificación real.

​Para muchos analistas, esta visita no es más que otro capítulo de su rol como “facilitador de oxígeno”. Cada vez que la presión internacional sobre Caracas aumenta, o que los informes sobre violaciones de derechos humanos se vuelven insostenibles, aparece la figura de Zapatero para pedir “el fin del odio”, una retórica que suele traducirse en pedirle a la oposición que acepte los hechos consumados de la tiranía.

Zapatero: ​el silencio cómplice ante la dictadura

​Lo más deleznable de su intervención en Caracas ha sido, una vez más, lo que no dijo. En un momento en que organismos internacionales denuncian la falta de garantías democráticas, Zapatero prefirió centrarse en “abrazos y convivencia”, evitando calificar al régimen por su nombre y eludiendo cualquier mención a la sistemática inhabilitación de líderes opositores.

Mientras el Gobierno de España intenta desmarcarse tímidamente de sus gestiones —asegurando que actúa “a título personal”—, la realidad es que su presencia en el Palacio Federal Legislativo proyecta una imagen de división europea que solo beneficia a Miraflores.

Una “referencia” al vacío

​Calificar de “referente” una ley emanada de un poder legislativo que no es reconocido por gran parte de las democracias occidentales es, en el mejor de los casos, una ingenuidad política y, en el peor, un acto de servilismo consciente. Zapatero ya no actúa como un mediador que busca el retorno de la democracia, sino como un comercial de la narrativa chavista que intenta vender normalidad donde hay represión.

Puntos clave de la controversia:

​Legitimación: El uso de la palabra “referente” para una ley de un régimen bajo investigación internacional.
​Doble rasero: La comparación de la situación venezolana con democracias consolidadas.
​Aislamiento: El contraste entre sus palabras y la postura de la ONU o la UE.

En definitiva; Zapatero sigue siendo el lavador de cara de un régimen que ha usurpado el poder en forma fraudulenta.