Venezuela nunca podrá volver al Mercosur si antes no hay elecciones libres

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE ICN DIARIO

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La jefa de Estado de Venezuela, Delcy Rodríguez.

La política exterior se alimenta a menudo de ilusiones, pero lo que estamos presenciando con el intento de retorno de Venezuela al Mercosur roza el delirio.

Mientras la cómplice del fraude electoral y de las brutales torturas Delcy Rodríguez, acelera sus gestiones para devolver al régimen chavista a un bloque del que fue expulsado por quebrar el orden democrático, ignora —o finge ignorar— que las llaves de esa puerta no se compran con retórica, ni siquiera con el supuesto “visto bueno” de Donald Trump.

El entusiasmo que algunos sectores del chavismo muestran ante la figura de Trump es, cuando menos, paradójico. Creen ver en el republicano un interlocutor pragmático que, movido por la sed de crudo venezolano, podría validar su permanencia en el poder. Nada más lejos de la realidad. Para Trump, el régimen no es un socio, sino un activo a exprimir. Su estrategia es clara: humillar al adversario haciéndole creer que hay un reconocimiento en marcha, mientras mantiene la bota sobre el cuello de una economía devastada.

El petróleo como carnada, no como salvoconducto

Es innegable que a Estados Unidos le interesa el petróleo venezolano, pero en los términos de Washington, no de Caracas. El interés de Trump por el crudo y por resolver la crisis migratoria no implica una carta blanca para que los cómplices de Maduro y su cúpula sigan usurpando el poder. Al contrario, la historia nos enseña que, una vez alcanzados los objetivos estratégicos o cuando el actor deja de ser útil, el destino final suele ser un tribunal federal o una celda en territorio estadounidense.

Por más que el régimen intente utilizar un eventual “deshielo” con el Norte como palanca para presionar a los socios del Mercosur, la realidad jurídica del bloque es un muro infranqueable. Uruguay, Paraguay y ahora una Argentina alineada con posturas de firmeza democrática, no tienen razones para aceptar a un gobierno de facto que solo ofrece inestabilidad y falta de garantías.

Conclusión
Ni el pragmatismo más crudo de Trump puede borrar la cláusula democrática del Protocolo de Ushuaia. El Mercosur exige elecciones libres, no promesas de suministro petrolero bajo vigilancia extranjera. El régimen chavista se equivoca si cree que el respaldo transaccional de una potencia le devolverá la legitimidad regional. Al final del día, lo que enfrentan es una doble tenaza: el rechazo de sus vecinos por su deriva autoritaria y el desprecio de un gigante que los tiene sometidos y que no dudará en soltarles la mano cuando el último barril de interés haya sido extraído.