La insolencia de un prófugo: Rafael Correa y su cátedra de “desilusión” en Uruguay

Resulta irónico, por no decir cínico, que alguien que se encuentra esquivando una condena de ocho años de prisión por cohecho utilice la hospitalidad uruguaya para atacar al gobierno local

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El impertinente Rafael Correa

Por Paco Tilla.-

Es una muestra de arrogancia política sin precedentes que un personaje con el prontuario de Rafael Correa pretenda dar lecciones de ética o diplomacia en suelo uruguayo. El expresidente de Ecuador, hoy prófugo de la justicia de su país tras ser condenado por corrupción en el emblemático caso “Sobornos 2012-2016”, ha cruzado una línea roja al cuestionar las decisiones soberanas del gobierno de Yamandú Orsi.

La “desilusión” de quien no tolera la democracia
Correa manifestó su “desilusión” ante el hecho de que Uruguay fuera el primer país en reconocer el triunfo de Daniel Noboa en las pasadas elecciones ecuatorianas. Calificar de “fraude” un proceso validado internacionalmente y por el propio pueblo ecuatoriano no es solo una pataleta de mal perdedor; es un ataque directo a las instituciones democráticas de la región.

Lo que Correa parece no entender es que en Uruguay las relaciones exteriores se manejan bajo principios de respeto institucional y soberanía, no bajo las afinidades ideológicas de “club de amigos” que él tanto añora de su época en el poder.

Un huésped que no conoce el respeto
Resulta irónico, por no decir cínico, que alguien que se encuentra esquivando una condena de ocho años de prisión por cohecho utilice la hospitalidad uruguaya para atacar al gobierno local.

Intromisión indebida: Este exmandatario extranjero no tiene autoridad moral ni política para intervenir en los asuntos internos de Uruguay.

Amnesia selectiva: Habla de “desilusión” quien defraudó la confianza de su propio pueblo, montando un esquema de recaudación de fondos ilegales para su movimiento político a cambio de contratos estatales.

Doble estándar: Mientras disfruta de la libertad de prensa y movimiento en Uruguay para su programa de streaming, olvida que su gestión en Ecuador se caracterizó por el hostigamiento sistemático a periodistas y opositores.

Conclusión: El fin de la impunidad dialéctica
Tal vez Correa pretendía que el gobierno uruguayo fuera cómplice de su narrativa de persecución o que se sumara a su desprecio por las reglas de juego democráticas. Se equivoca de país. En Uruguay, la ley se respeta y la soberanía no se negocia.

Es impresentable que un hombre que le debe cuentas a la justicia pretenda calificar la gestión de un presidente electo democráticamente. Si tanto le preocupa la transparencia y la justicia, el camino es simple: que regrese a Ecuador a cumplir su condena, en lugar de andar repartiendo juicios de valor en países que, a diferencia de su gestión, sí creen en la separación de poderes.

Más desubicado, intolerante y prepotente que Rafael Correa, no se consigue…