La situación humanitaria en Colombia atraviesa un deterioro acelerado en varias regiones del país, impulsado por el aumento de la violencia armada y el impacto creciente de fenómenos climáticos extremos. Así lo advierte la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), que reporta un fuerte incremento de las necesidades de asistencia durante el mes de enero.
Los departamentos de Cauca, Nariño, Guaviare, Arauca, Chocó y Norte de Santander concentran buena parte de la emergencia. En estas zonas, la población civil enfrenta un escenario cada vez más hostil marcado por homicidios, secuestros y severas restricciones a la movilidad, que limitan el acceso a alimentos, atención médica y ayuda humanitaria.
El panorama es especialmente crítico en la región del Catatumbo, en el noreste del país y cercana a la frontera con Venezuela. Solo durante las primeras semanas de enero, los choques entre facciones armadas causaron la muerte de más de 60 civiles. A ello se suma el desplazamiento forzado y el confinamiento de miles de personas, atrapadas en medio de los combates y sin posibilidad de cubrir sus necesidades básicas.
OCHA también ha expresado su preocupación por los ataques reiterados contra la misión médica en departamentos como Cauca, Valle del Cauca y Norte de Santander, hechos que han dejado a comunidades enteras sin acceso a servicios de salud esenciales en un contexto ya de por sí precario.
A esta crisis de seguridad se superpone una emergencia climática de gran magnitud. Las intensas lluvias registradas en las últimas semanas han provocado deslizamientos de tierra e inundaciones en distintos puntos del país. En la zona rural de Buenaventura, en la región del Pacífico, más de 15.000 personas pertenecientes a pueblos indígenas han visto afectadas sus viviendas y carecen de agua potable, alimentos, atención sanitaria y refugio adecuado.
Aunque la ONU y sus organizaciones socias mantienen su labor de apoyo junto a las autoridades nacionales y locales, la respuesta humanitaria se ve seriamente limitada por la falta de recursos. El Plan de Respuesta Humanitaria para 2025 en Colombia recibió apenas una cuarta parte de los 342 millones de dólares necesarios para atender las prioridades más urgentes.
De cara a 2026, la comunidad humanitaria ha solicitado 384 millones de dólares para asistir a 2,6 millones de personas. Sin embargo, esta cifra solo cubriría a una parte de los 6,9 millones de colombianos que actualmente requieren ayuda. La persistente brecha de financiación amenaza con profundizar una crisis ya alimentada por la combinación letal de conflicto armado y desastres naturales.













