En la mañana de ayer levantábamos una noticia que producida por el periodista Leonardo Pereyra, desde el Observador, daba cuenta de una supuesta situación por demás irregular entorno a los refugiados sirios que se encuentran alojados en dependencias de los hermanos Maristas en la zona de Puntas de Manga.
En dicha noticia se hacía saber de algunos actos de violencia física hacia mujeres y niños por parte de los hombres del grupo en cuestión, todo lo cual asevera la nota, fue visto e impedido de alguna manera por uno de los hermanos de dicha congregación religiosa, aunque en otros medios aseguran que las autoridades Maristas niegan esta instancia y que ningún hermano vio nada de lo que la nota de Pereyra asevera ocurrió.
Como casi siempre pasa en casos que de alguna u otra manera pueden llevar a confusión, a dejar mal parados a unos u otros, a poner en tela de juicio algún tipo de conducta o mal proceder, etc. sobre todo si se ve involucrada alguna autoridad o jerarquía importante, nadie toma el toro por las astas y como si de un partido de fútbol se tratara, se pasan la pelota unos a otros y nadie termina de hacerse responsable o por lo menos de explicar a la población si es o no es cierto fehacientemente lo que se rumora a gritos, respecto a la situación que nos ocupa y nos preocupa. ¿Los machos sirios castigan o no castigan a sus mujeres y sus niños como una práctica instalada y habitual en sus atávicas costumbres? ¿Realmente alguna autoridad ha tomado cartas en el asunto procurando, de existir tal práctica aberrante, terminar con ella o por lo menos intentar corregirla mediante la educación en otros valores diferentes?
Una autoridad explicaba hace un tiempo, que la violencia en esta gente es difícil de manejar dada la particular situación en que se encuentran estos ciudadanos y que el Gobierno de la República debe propiciar su adaptación sin violentar sus costumbres.
Lo que me hace pensar con preocupación, que si castigan, que sigan haciéndolo; es parte de su soporte cultural, mientras no se les ocurra aplicar la lapidación en sus compañeras.
Consultada la Institución Nacional de Derechos Humanos que preside la exfiscal Mirtha Guianze quien desde la primera hora tanto se ha preocupado por todo lo que hace a los derechos humanos en el país, deslindó responsabilidades (no decimos que deba asumirlas, pero…), argumentando que esta situación se encuentra en manos de la Secretaría de la Presidencia.
El Secretario de la Presidencia, Diego Cánepa, expresó que no le consta que estos hechos hayan ocurrido, puesto que no ha habido denuncias al respecto.
¿De haber ocurrido actos de violencia en contra de mujeres y/o niños en dicho grupo por parte de los hombres, serían los hermanos Maristas quienes deberían haberlo denunciado o serían las propias mujeres, quienes sin saber el idioma o las costumbres del país, tendrían que haber cruzado hasta la seccional 18va. ubicada a unas cuadras del lugar, para denunciar el hecho? ¿Hay alguna autoridad de Gobierno monitoreando de cerca este tipo de situaciones, quienes serían? Supongo que al momento de viajar a Siria para traer estos contingentes, quienes lo hicieron estudiaron cada caso, procesaron la información, escudriñaron en las costumbres, establecieron parámetros de viabilidad para su inserción en nuestra sociedad, etc. De no haberlo hecho, creo que la situación se les irá de las manos, si ya no se les fue.
Hace un tiempo atrás el Canciller Luis Almagro indicó en radio Sarandí que el arribo de los refugiados sirios al Uruguay estaba enmarcado en un proceso ordenado y organizado, con una excelente disposición de éstos para permanecer en el país.
Tiempo más adelante el propio Presidente de la República, aseveró con buen tino que no creía que vinieran muchos sirios más, ya que existían barreras culturales y que pensaba que el segundo contingente, compuesto por unas 67 personas, no vendría.
También afirmó que los hombres de esas comunidades poseían costumbres de relacionamiento con sus familias que en nuestra sociedad coincidían con la mentalidad de nuestros tatarabuelos.
¿Me pregunto si realmente es un acto humanitario el haber traído a esta gente desde el otro lado del mundo o simplemente fue una movida efectista para la vidriera internacional? ¿Me pregunto si realmente hay tanta armonía como alegremente aseguran algunos altos funcionarios, quienes en su momento pregonaron que habían comido asado, que ya caminaban, corrían y se reían, como si se trataran de enfermos terminales vueltos a la vida plena; o el haberlos traído ha generado un caos porque no saben qué hacer con ellos, porque no desean estar acá, ni insertarse, ni trabajar, ni nada?
Cuando el río suena… Y desde hace tiempo viene haciendo un ruido ensordecedor; seguro algo trae.
En Siria existe entre tantas otras normas legales que segregan a mujeres y niñas, un Ley de la Condición Penal, la que regula el matrimonio y su disolución, la herencia, así como otros temas, dando preferencia al hombre ante asuntos legales y admitiendo muchas veces actos en defensa del honor, que para nosotros serían deleznables.
Y esa es la gente que en nombre del humanitarismo, traemos para la construcción de la Patria, una Patria cuyas autoridades, salvo en algunos casos muy puntuales, no enseña nada; bástenos leer o escuchar las declaraciones de la futura Ministra Arismendi, quien se comprometió a seguir aportando dinero a los más pobres, pero sin exigirles nada a cambio, total, siempre hay quien pague por ellos.
¿Cuál es el aporte que esperamos de gente que no nos entiende, no tiene idea ni en donde queda Uruguay, no pidió venir, no les interesa construir junto a nosotros, no ama nuestro suelo ni a nosotros, y no tiene por que hacerlo tampoco, ni está dispuesta a comprometerse, o sí…?
Desconozco si la información que recibió Pereyra es la correcta, ignoro si realmente algún hermano Marista vio algún suceso irregular o si sus superiores en la Orden dispusieron que no haya visto nada.
Me confunde un poco que una autoridad diga que está todo organizado y que todos los sirios están felices en este mundo de maravillas que es nuestro rincón en el mundo, y que otra autoridad diga que no vendrán más refugiados porque no nos entendemos dada las barreras culturales que nos separan.
Human Right Watch realizó un estudio en la sociedad siria, determinado que una de cada tres mujeres o niñas sufren violencia intrafamiliar o vejaciones de algún tipo, lo que me hace suponer que probablemente estos sirios avenidos en refugiados, bien pueden no ser la excepción, por lo que como ciudadano le pido a mis gobernantes, que no se hagan los distraídos.












