
Por mucho más de un siglo estos nobles buques cumplieron la travesía y eran tan famosos que vale preguntar: ¿Usted no viajó alguna vez en el vapor de la carrera?.
A su alrededor se gestaron miles de historias emocionantes a lo largo del tiempo y donde surgieron pioneros audaces de la navegación fluvial, con apellidos imborrables como Dodero, Mihanovich y Ribes entre otros grandes, que dejaron la huella con sus grandes realizaciones.
La última etapa
La línea de los vapores había quedado sin efecto en los años 70 del siglo pasado, por problemas económicos, pero en 1980, retomó sus viajes nocturnos entre Argentina y Uruguay, con dos empresas privadas que se hicieron cargo de dos vapores, el Ciudad de Mar del Plata II de la empresa El Faro y el Ciudad de Paraná, de la compañía Ferrylíneas.
En varios artículos iremos contando historias y anécdotas de como se gestaba esa diaria integración entre Uruguay y Argentina que se verificaba en los sistemas que los gobiernos de los dos países, acordaban para agilizar el desplazamiento, la entrada y la salida de los viajeros, mucho antes que el Mercosur existiera.
En el tema de los controles migratorios, se había coordinado de manera tal que el pasajero embarcaba- por ejemplo- en el puerto de Buenos Aires en la Dársena Sur, donde realizaba el trámite de salida del país ante el inspector de Migración Argentina y luego a bordo, en el hall central del buque, instantes después de zarpar el viajero tenía la comodidad de cumplir el ingreso a Uruguay ante el funcionario de Migración de este país, que estaba a bordo del vapor.
Exactamente el mismo procedimiento se realizaba desde el puerto de Montevideo. Luego de pasar por el stand de Migración de Uruguay para salir del país; a bordo, el pasajero hacía el trámite de ingreso a la nación vecina, pero esta vez ante el inspector argentino.
Era una forma de evitar congestionamientos y demoras al arribar a cada puerto, que los viajeros agradecían.












