
Por consiguiente, lo que se expresa sobre la política, no es ni más ni menos, que representa tan solo una de las tantas actividades que los humanos estamos capacitados para desarrollar.
Entonces debemos inferir que la representación mental que tenemos sobre la política está relacionada a una determinada y específica percepción, una forma de “atavismo”, un concepto que hemos incorporado desde que tenemos consciencia, generación tras generación.
Pero la política solo es apreciable, a la luz de los hechos, cuando siendo utilizada como herramienta idónea, pone de manifiesto una cierta y determinada intención por la vía de los enunciados en una declaración, en una norma, en un decreto, en una ley, etc. o cuando logra específicamente que una idea pueda cristalizarse en tangibles realidades.
Por lo tanto la política es en esencia una capacidad que posee el ser humano de lograr objetivos, vinculados directamente a un fin específico, mediante su participación.
En tanto la política sirva como herramienta y la idea, la voluntad y el esfuerzo sirvan como guía, solo resta que la intención y los objetivos tengan una utilidad práctica, un sentido honorable o al menos permitan aportar al mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad en la cual opera.
Habiendo realizado este humilde y muy personal prólogo, compartiré con ustedes a partir de hoy, en varios artículos, las muestras más elocuentes de lo que significa y representa para algunos individuos, la utilización de la política, queda a vuestro real saber y entender, interpretar de la manera que prefieran el alcance, la proporcionalidad y los posibles propósitos que pudieran desprenderse de este muy especial informe.












