Una pequeña araña se deslizaba rápidamente por la manga del saco de aquel hombre, presumo que su atención estaba fija en la pobre mosca que vanamente se debatía amarrada a la tensa trampa junto al marco de la puerta. Estaba ya próxima, era cuestión de instantes para que el arácnido posara sus patas de muerte sobre el insecto inerme.
Imprevistamente una pesada mano cayó sobre ella pulverizándola, destruyéndola sin que se diera cuenta de qué era lo que la mataba. Seguramente la mosca sintió algo de alivio al ver a su depredadora destruida, ahora tenía entre manos, o entre patas, otro problema, liberarse de la pegajosa tela, cosa que seguramente no conseguiría y por ende, agonizaría, agotada, moriría poco a poco pero sin encontrar antes su libertad. Era su destino; el poder de La Naturaleza de unos sobre otros.
El hombre miró con desdén la masa informe de la araña aniquilada y sacudiéndose la manga, se desprendió rápidamente de aquel despojo; sintió el enorme poder que su rápida acción había desarrollado. Se sintió fugazmente poderoso, certero, letal.
La mosca ya no se movía, se había agotado en el esfuerzo por despojarse de la trampa. Estaba resignada…El hombre la observó unos instantes y pensó en la suerte de que no fuera él la mosca, después, respirando hondo, volvió a enfocarse en sus problemas.
Su momentáneo sentido del poder dio paso ahora a una acentuada expresión de angustia, necesitaba convencer a su jefe el motivo de sus reiteradas llegadas tarde al trabajo; el hombre no lo entendía o no quería hacerlo. Ante él la carta de despido le gritaba a viva voz que pasaba a engrosar la enorme masa de desocupados. Se había quedado otra vez sin trabajo.
En la calle lo aguardaba su propia tela de araña de vencimientos, impuestos, cuotas, alimentos, etc. que no podría pagar. Pensó en la suerte que le tocó a la mosca y de cómo él también quedaría inerme, inmóvil, esperando su muerte ante la imposibilidad de accionar.
El poder ejercido por el empleador había caído eficientemente sobre el empleado, y al igual que su mano pesada sobre la araña, no supo qué le pegó hasta que estuvo deambulando por las calles.
Cuando se hubo marchado, el jefe se recostó pesadamente sobre el mullido sillón, se sirvió un whisky, y mirando por la ventana bebió un par de sorbos; esbozó una sonrisa al tiempo que saboreaba su estatus de poder frente al hombre recién despedido. A él lo respetarían o deberían atenerse a las consecuencias… ¡Era el jefe!
Dejó el vaso de whisky sobre una mesita, volvió lentamente hasta su escritorio, el agudo dolor en el pecho no le dejaba respirar, trató de llamar a su esposa pero no pudo, sólo tuvo fuerza para oprimir el botón del intercomunicador.
La asistencia se lo había llevado a las tres, a las siete avisaban que el jefe estaría internado por largo tiempo, una antigua enfermedad que él pensaba superada había recobrado sus fuerzas y lo estaba llevando al fin de sus días. Su poder había quedado en un rincón de la oficina, prevaleciendo ahora el poder determinado por la naturaleza, quien lo envolvía casi en silencio, mientras marchaba hacia el hospital, en la tela de arañas biológica anulando su voluntad.
El breve relato que acabo de hacerles es con el solo motivo de situarlos ante el cruel esquema del relacionamiento entre los seres que habitamos este planeta azul, hermoso y castigado.
Es un hecho natural el sentir como bullen las energías por nuestras venas y como tenemos la necesidad en la interacción, de demostrarlo a todos nuestros congéneres, algunas veces aportando, ayudando, conjuntando energías y otras veces avasallando, destruyendo, parándonos por sobre y no junto a.
La historia del ser humano se ha desarrollado en un plano de luchas y alianzas, en un plano de estrategias y tácticas para hacer que el poder sea más poder, que la fuerza sea más fuerza y que el débil sea más débil y por tanto se extingan en él las ganas de pelear, de evadirse de la tela de araña social que pegajosamente lo envuelve, lo enreda, lo limita hasta dejarlo extenuado y listo para ser devorado ante su pasiva resignación.
Desde el chico del grado superior en la escuela, que se impone al más pequeño para arrebatarle su merienda, hasta el político tenaz y corrupto que mueve sus influencia para demostrar cuan momentáneamente poderoso es frente al pobre hombre anclado ante la puerta de su oficina hasta que éste se digne atenderlo, jugando con sus tiempos, arrebatándole por su posición de privilegio horas de la vida que se van en la espera y ya no retornarán.
Desde el soldado en la guerra, que posee por la capacidad de su arma y su entrenamiento, el poder sobre la vida y la muerte de sus oponentes y prisioneros, hasta el gobernante encumbrado que lo ha embarcado en una conflagración condenándolo como a la araña, a morir de un manotazo cuando marcha en el campo de batalla en pos de su salario.
Desde la mega estrella en lo alto del podio de la fama donde todos lamen su trasero aunque no posea talento, solo porque lo que posee es dinero y de vez en vez deja caer algún centavo, o le es robado, hasta los dioses de barro que un día se la creyeron, mareados por los aplausos terminaron cual muñecos rotos, dentro de una bañera, desnudos e inundados de barbitúricos, se tejen redes crueles de poder y poderío, donde unos trepan a lo alto para mirar lejos, creyéndose semidioses, y otros aguardan abajo para alimentarse de ellos cuando se produzca la caída que si o si determina el tiempo.
El poder de alguna manera es esa magia que el hombre atesora en una bolsa escondida y que de una u otra manera utiliza cuando la oportunidad es dada ayudándole a prevalecer.
La naturaleza es así, la cebra es comida por el león y éste, cuando está herido o viejo, es expulsado del grupo o es comido por sus congéneres o por las divertidas hienas.
Vivir es internarse en los laberintos tortuosos de la selva de la existencia arriesgándose a pelearle a la vida cada palmo de terreno, desarrollando el instinto de la supervivencia para soportar las espinas más agudas cuando queremos hacernos con alguna rosa.
Sólo el poder de la voluntad nos hace movernos cada día y es ese poder el que hace que hagamos amigos, aliados en la lucha, o duros enemigos a los que hay que someter para desarrollar valía.
Cuán importante es transformar el poder con que contamos en prestigio frente a los demás, prestigio por ser dadores, prestigio por tener el poder que da la solidaridad, prestigio por poseer la fuerza que da la humildad.
El poder es innato en el ser humano, diferentes formas del poder se van manifestando a lo largo de la vida. El poder de la seducción, el poder del dinero, el poder de la fuerza bruta, el poder de la convicción, el poder de la voluntad y el tesón, el poder del que nada posee y por tanto nada puede serle arrebatado, el poder del odio para la destrucción, el poder del amor para la edificación. Son todos caminos válidos para la interacción social que en diferentes tiempos, en distintos momentos y por diferentes rumbos nos llevan a lograr a la postre lo que ellos en sí mismos representan.
Quien siembra tormentas, recogerá tempestades, quien vive en el odio se revolcará en él y quien vive en el amor, la paz hará reinar en su corazón.
Por último debemos recordar que aquel que tiende puentes de amor, paz y fraternidad se habrá ganado el derecho de cruzarlos una y otra vez y que si realmente desea la paz y la armonía, debe llevarla consigo.
José Luis Rondán
Taller de Arte “La Guarida” del artista plástico José L. Rondán
Fundado en 1981 – Ramón Masini 2956/002 – Pocitos- Montevideo, Uruguay
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