
La visita incluyó la firma de un acuerdo entre los ministerios de Seguridad Pública de ambos países, destinado a fortalecer la coordinación y el trabajo conjunto frente a las organizaciones delictivas. La agenda también contempló un recorrido por el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la prisión de máxima seguridad que se ha convertido en uno de los principales símbolos de la política antipandillas impulsada por Bukele.
Fernández, que ha expresado su interés en aplicar medidas más severas contra la criminalidad en Costa Rica, defendió la cooperación con El Salvador como una oportunidad para conocer directamente los mecanismos que han sustentado su estrategia de seguridad. La gobernante afirmó que busca aprovechar las lecciones de esa experiencia para reforzar la respuesta de su país frente a las organizaciones criminales.
“Vine a conocer de primera mano esa experiencia, con la firme decisión de aprender de lo que ha funcionado y de aprovechar esas lecciones en nuestra propia lucha nacional contra el crimen”, sostuvo la presidenta costarricense.
Durante su visita al CECOT, Fernández calificó el recinto como un “monumento a la justicia” y respaldó la aplicación de una política de mano dura contra las estructuras delictivas. No obstante, sostuvo que combatir el crimen no supone abandonar las garantías fundamentales. “No implica renunciar a los derechos humanos que nuestro país históricamente ha defendido y lo seguiremos haciendo”, afirmó.
La visita adquiere especial relevancia después de que Costa Rica inaugurara el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado, una cárcel de máxima seguridad inspirada en el modelo salvadoreño. El proyecto refleja el interés del Gobierno costarricense por endurecer las condiciones de reclusión y reforzar el control sobre los integrantes de organizaciones criminales.
Bukele ofrece asesoría y advierte sobre las resistencias políticas
En la reunión bilateral, Bukele defendió la importancia de compartir la experiencia de El Salvador y manifestó su disposición a colaborar con Costa Rica para evitar que la expansión de la violencia alcance niveles similares a los registrados anteriormente en su país.
El mandatario recurrió a una comparación médica para explicar la dimensión de la crisis salvadoreña antes de su ofensiva contra las pandillas. “Nosotros teníamos un cáncer que había tomado cerca del 85 %; en el caso de Costa Rica es mucho menor”, señaló, antes de advertir que su país llegó a ser considerado el más peligroso del mundo y que las medidas necesarias para enfrentar la situación costarricense podrían ser menos extremas.
Bukele también aludió a las dificultades políticas que enfrenta Fernández para impulsar reformas legales y mejorar la coordinación entre las instituciones del Estado. Según indicó, las propuestas de su homóloga encuentran una fuerte oposición, pese a que considera fundamental avanzar en cambios que permitan combatir con mayor eficacia las estructuras criminales.
Fernández, por su parte, expresó su respaldo a las reformas salvadoreñas que endurecen las sanciones contra quienes pertenecen a organizaciones delictivas y aseguró que una iniciativa de características similares en Costa Rica está próxima a convertirse en ley.












