El ocaso de Lula; entre el cinismo político y el delirio de un prepotente

El cinismo de Lula da Silva no tiene límites. Al pedirle a Trump la liberación de Maduro y su mujer, Cilia Flores, Brasil no solo pierde su liderazgo regional, sino que confirma que su presidente actual es un obstáculo para la democracia en el continente

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Foto: Ricardo Stuckert / PR

La política exterior de Brasil ha tocado fondo. En un espectáculo que oscila entre la decadencia cognitiva y un cinismo sin precedentes, Luiz Inácio Lula da Silva ha decidido erigirse como el último abogado de un dictador caído. Mientras el mundo contempla las imágenes de un Nicolás Maduro esposado en Nueva York, procesado por narcoterrorismo, Lula se hunde en un fango retórico defendiendo una “soberanía” que él mismo ayudó a pisotear.

El teatro de lo absurdo: Justicia “chavista” para un criminal

Resulta insultante para la inteligencia regional que Lula pretenda que Maduro sea juzgado en Venezuela. El mandatario brasileño, que ha dedicado su último mandato a colonizar el Poder Judicial en Brasil con amigos y aliados, sabe perfectamente que en Caracas no existe la justicia, sino un pelotón de ejecución jurídico al servicio del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Pedir que un violador de derechos humanos sea juzgado por sus propios cómplices no es un llamado a la legalidad; es una exigencia de impunidad descarada.

¿Incapacidad real o cálculo autoritario?

Las recientes declaraciones de Lula plantean una duda inquietante: ¿está el presidente de Brasil sufriendo un desvarío o es simplemente su verdadera naturaleza intolerante saliendo a flote?

  1. La paradoja de la legitimidad: Lula se niega a reconocer a Maduro como presidente por el fraude electoral, pero ahora exige a Donald Trump que lo devuelva a Venezuela con honores de Estado.

  2. El desprecio a las víctimas: Al calificar la captura como un “secuestro”, Lula escupe sobre las tumbas de los miles de venezolanos asesinados y torturados por el régimen que hoy intenta proteger.

El “amigo” de las dictaduras

Lula nunca dejó de ser aquel líder de los años 80, atrapado en una ideología que desprecia las instituciones democráticas cuando estas no le sirven. Su insistencia en que el mundo “no se ha dado cuenta” de quién es Maduro es, en realidad, una confesión: es Lula quien se niega a aceptar que su aliado es un paria internacional.

“La historia no perdonará a un Lula que, en el invierno de su vida, prefirió abrazar las cadenas de una dictadura antes que la libertad de un pueblo vecino”.

El cinismo de Da Silva no tiene límites. Al pedirle a Trump la liberación de Maduro y su mujer, Cilia Flores, Brasil no solo pierde su liderazgo regional, sino que confirma que su presidente actual es un obstáculo para la democracia en el continente.