Portugal celebra este domingo la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales en un escenario marcado tanto por la pugna política como por las consecuencias de los recientes fenómenos meteorológicos que han afectado a distintas regiones del país. La jornada electoral se desarrolla con el socialista António José Seguro como principal aspirante a la jefatura del Estado, según reflejan los sondeos previos a la votación.
El proceso electoral ha estado condicionado por los efectos de las borrascas Kristin y Leonardo, que han provocado inundaciones y situaciones de emergencia en numerosas localidades. En Alcácer do Sal, en la región del Alentejo, las autoridades optaron por aplazar la votación tras quedar la localidad anegada desde mediados de la semana pasada. La medida podría replicarse en otros municipios, ya que 68 territorios permanecen bajo estado de emergencia, lo que ha generado debate sobre la normalidad del proceso electoral.
En el plano político, Seguro se presenta como el gran favorito para hacerse con la presidencia. Las estimaciones demoscópicas le atribuyen cerca de dos tercios de los votos, una ventaja sustentada en el respaldo de votantes progresistas y en el apoyo puntual de sectores conservadores que han mostrado su simpatía hacia su candidatura. Su posible victoria marcaría su regreso al protagonismo político tras su retirada temporal en 2014 y supondría un impulso simbólico para el Partido Socialista después de los resultados obtenidos en las elecciones legislativas de 2024.
Durante la campaña, el candidato socialista ha priorizado un discurso centrado en el fortalecimiento del sistema público de salud, actualmente tensionado por un brote de gripe que ha puesto de manifiesto deficiencias estructurales y escasez de personal sanitario. Seguro ha apostado por un tono institucional y moderado, diferenciándose de propuestas más intervencionistas. En el único debate televisado celebrado durante esta segunda vuelta, subrayó la distancia ideológica con su rival, afirmando que entre ambos existe una profunda divergencia en cuanto a modelo de país.
Por su parte, el líder de Chega, André Ventura, afronta la segunda vuelta con el objetivo de consolidar su espacio político, respaldado por una intención de voto cercana al 32%. Su campaña se ha centrado en cuestionar el funcionamiento del sistema político tradicional, con un discurso enfocado en cuestiones como la inmigración, las minorías y el rechazo al bipartidismo. Pese a algunos retrocesos en elecciones locales recientes, Ventura mantiene una base electoral sólida que le permite proyectar sus aspiraciones futuras.
Para el dirigente ultraderechista, la contienda presidencial también representa un escaparate para reforzar su posicionamiento de cara a futuras ambiciones políticas, entre ellas la posibilidad de aspirar a liderar el Ejecutivo. Su trayectoria política, que comenzó en el ámbito jurídico y mediático, ha experimentado un crecimiento notable hasta situarlo como uno de los referentes de la derecha radical en Portugal.













