El doble rasero de Lula: Entre la retórica internacional y el control del Poder Judicial en Brasil

La mayor crítica contra Lula se centra en la pérdida de neutralidad del Poder Judicial. La configuración de la Sala Primera del Supremo Tribunal Federal (STF) es, para muchos, la prueba fehaciente de una estrategia de infiltración. De sus cinco integrantes, cuatro mantienen vínculos estrechos y personales con el presidente que fue quien los designó en esos cargos

0
15
Lula incorpora a su amigo Jorge Messias en el STF, donde ya están, Cristiano Zanin, abogado personal de Lula; Flávio Dino, militante del Partido Comunista y Cármen Lucía, también designada por Lula y el quinto, Alexandre de Moraes, enemigo declarado de Bolsonaro -Fotos: Agencia Brasil

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha vuelto a encender el debate global tras la publicación de un reciente artículo en The New York Times. En su texto, Lula condena enérgicamente las acciones militares de Estados Unidos en territorio venezolano y la captura del mandatario de dicho país a principios de enero, calificando estos eventos como un “capítulo lamentable en la erosión del derecho internacional”.

Sin embargo, tras sus palabras sobre la “paz mundial” y la “estabilidad”, subyace una realidad interna en Brasil que muchos analistas y sectores de la oposición califican como una contradicción flagrante: la sistemática cooptación de las instituciones democráticas para fines personales y partidistas.

La diplomacia de la “anomia”

En su artículo, Lula argumenta que el uso de la fuerza por parte de las potencias erosiona el orden multilateral nacido tras la Segunda Guerra Mundial. “Si las reglas se siguen sólo de manera selectiva, se produce una anomia que debilita al sistema internacional en su conjunto”, afirmó el mandatario.

Esta defensa del derecho internacional ha sido recibida con escepticismo. Mientras Lula pide respeto a la soberanía y al papel de las Naciones Unidas, críticos señalan que su administración aplica esa misma “selectividad” que denuncia, pero en el ámbito doméstico, condicionando la independencia de poderes en Brasil.

El Supremo Tribunal Federal: ¿Un apéndice del Ejecutivo?

La mayor crítica contra Lula se centra en la pérdida de neutralidad del Poder Judicial. La configuración de la Sala Primera del Supremo Tribunal Federal (STF) es, para muchos, la prueba fehaciente de una estrategia de infiltración. De sus cinco integrantes, cuatro mantienen vínculos estrechos y personales con el presidente:

  • Cristiano Zanin: Su exabogado personal.

  • Flávio Dino: Exministro de Justicia y miembro del Partido Comunista de Brasil.

  • Cármen Lúcia: Designada originalmente durante su primer mandato.

  • Jorge Messias: Exfuncionario de confianza de sus gobiernos.

  • Alexandre de Moraes: Si bien no fue nombrado por Lula, cumple con los designios del presidente brasileño

Esta estructura sugiere que la democracia brasileña enfrenta un desafío inédito, donde la separación de poderes parece haberse diluido en favor de una red de lealtades individuales.

El guion del Foro de São Paulo

Para diversos sectores políticos, las acciones de Lula no son fortuitas, sino que responden a la hoja de ruta establecida por el Foro de São Paulo (FSP), organización que él mismo fundó junto a Fidel Castro.

En el documento base del XXIII Encuentro del FSP (Managua, 2017), se detalla una estrategia que hoy parece estar en plena ejecución en Brasil y otros países de la región. El manifiesto señala explícitamente:

“La izquierda debe proponerse la toma de todas las instituciones… Es importantísimo la toma del poder judicial, los aparatos militares y los medios de comunicación”.

Bajo esta premisa, la retórica de Lula en el escenario internacional —cuestionando el “imperialismo”— serviría como una cortina de humo o “tribuna” para posicionar su proyecto político mientras, puertas adentro, se erosiona la independencia institucional.

Conclusión: Un sistema bajo asedio

Mientras Lula advierte al mundo que “sin reglas acordadas colectivamente es imposible construir sociedades libres”, en Brasil crece la percepción de que las reglas están siendo reescritas para favorecer la permanencia de un proyecto de poder. La infiltración del Poder Judicial y el alineamiento con las directrices del Foro de São Paulo plantean una pregunta urgente: ¿Puede un líder clamar por el derecho internacional mientras, según sus críticos, socava los cimientos de la democracia en su propia casa?