El “oxígeno” que se volvió deuda: el millonario desfalco de Maduro a los tamberos uruguayos

A diez años del acuerdo alimentario entre Tabaré Vázquez y Nicolás Maduro, los productores lecheros de Uruguay enfrentan las consecuencias de una deuda de 30 millones de dólares que el gobierno actual ya da por perdida

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Imagen Pixabay

En política, las palabras suelen tener un peso que se mide en años. En 2015, el entonces presidente Tabaré Vázquez anunció con entusiasmo un acuerdo con el régimen de Nicolás Maduro que traería “oxigeno puro” a Uruguay. USD 300 millones en alimentos a cambio de alivio financiero. Hoy, con el diario del lunes y el dictador capturado, queda claro que aquel oxígeno fue, en realidad, un humo tóxico que terminaron respirando —y pagando— los productores lecheros.

La noticia de que Conaprole, la principal cooperativa lechera del país apenas cobró USD 8 millones de los USD 30 millones que recibía lácteos de productores de todo el país que esperaban el pago que les correspondía, es la confirmación de una estafa anunciada. Mientras el régimen de Maduro utilizaba la leche y el arroz uruguayo para intentar ganar elecciones y maquillar el hambre en Venezuela, en los campos de Uruguay los tamberos hacían cuentas que nunca cerrarían.

Lo más doloroso de este naufragio financiero no es solo la cifra millonaria que se “pasó a pérdidas”, sino la indolencia con la que se trata el asunto hoy. Las recientes declaraciones del ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, no son de recibo. Decir que “la plata está perdida” y preguntar con sorna “¿a quién le cobrás ahora, a Trump?” es una bofetada para el productor que sigue pagando créditos bancarios por mercadería que salió de sus tambos pero nunca entró en sus cuentas. Fratti, reunido luego con los afectados, reconoció que los productores lácteos tenían razón.

¿Un error de cálculo?

El acuerdo de 2015 no fue un simple negocio comercial; fue una apuesta política. El gobierno de aquel entonces decidió atar la suerte de los productores a la estabilidad de un régimen que ya daba señales claras de deriva autoritaria y colapso económico. Se priorizó la afinidad ideológica por sobre la seguridad jurídica de las exportaciones.

Hoy, la captura de Maduro cierra un ciclo político en la región, pero deja abierta una deuda moral y económica en Uruguay. Los productores no pedían “oxígeno” estatal; pedían mercados serios. Al final del día, los platos rotos de la diplomacia “de amigos” los terminan pagando los de siempre: los que madrugan para ordeñar, mientras en las oficinas de Montevideo se archivan expedientes como “causas perdidas”.

Si algo debemos aprender de esta estafa es que la exportación de alimentos no puede ser una herramienta de militancia. Cuando el Estado empuja a sus sectores productivos a los brazos de regímenes insolventes, se convierte en cómplice de su ruina. La “plata perdida” de la que habla Fratti no desapareció en el éter; se quedó en los bolsillos de un régimen que estafó a un país entero.