La CELAC no consiguió defender a Maduro: Argentina y otros nueve países bloquearon el apoyo al tirano detenido en EEUU

El intento de la CELAC por defender a Maduro es el último estertor de una vieja política que prefiere la estabilidad de los tiranos a la incertidumbre de la libertad. Argentina y sus aliados han recordado al continente que la soberanía reside en los pueblos y sus votos, no en los búnkeres de quienes se niegan a soltar el poder

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El grupo de países izquierdistas del bloque regional de la  Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) sufrió una dura derrota al intentar unificar una postura ante la detención de Nicolás Maduro y no fue solo un fracaso diplomático; es el síntoma de una enfermedad crónica que padece el organismo: la confusión entre la soberanía nacional y la impunidad de los regímenes de facto.

Los grandes derrotados fueron Brasil, Colombia, Chile y México que intentaron defender a Maduro sin éxito.

Resulta, por decir lo menos, inexplicable que un foro que nació con la ambición de ser la voz de una región democrática y próspera, hoy se desviva intentando blindar a un dirigente que no solo ha sumido a su país en una crisis humanitaria sin precedentes, sino que —tras las elecciones de 2024— fue incapaz de presentar una sola acta que legitimara su continuidad en el poder. Defender a Maduro bajo el paraguas de la “no injerencia” es, en la práctica, validar que un gobernante puede ignorar la voluntad popular y refugiarse en el silencio cómplice de sus vecinos.

El bloque de la sensatez

Afortunadamente, la región ya no es el bloque monolítico de hace una década. El domingo, Argentina, liderando un grupo de diez naciones, puso un freno en seco a la retórica del victimismo chavista. El bloque que objetó la declaración estuvo integrado por Argentina, Paraguay, Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Trinidad y Tobago.

Esta resistencia no es un capricho ideológico, sino un ejercicio de realismo político. ¿Cómo puede la CELAC exigir respeto al derecho internacional para un hombre que ha ignorado sistemáticamente las recomendaciones de la CIDH, los informes de la ONU sobre crímenes de lesa humanidad y el mandato básico de la transparencia electoral?

Consecuencias para la diplomacia regional

El bloqueo de este comunicado marca un antes y un después por tres razones fundamentales:

  1. Fin de la hegemonía del relato: Se acabó la era en la que el eje bolivariano controlaba la agenda de los organismos regionales. La existencia de este bloque de diez países demuestra que la defensa de la democracia ha vuelto a ser una prioridad por encima de las afinidades ideológicas.

  2. Irrelevancia de la CELAC: Si el organismo solo puede funcionar cuando se trata de temas cosméticos, pero se paraliza ante las crisis reales de la región, su destino es la irrelevancia. Un foro que no puede llamar “dictador” a quien actúa como tal, pierde su autoridad moral ante la comunidad internacional.

  3. Precedente de rendición de cuentas: Al no haber condena unificada, la región envía un mensaje implícito: el cargo de presidente no otorga inmunidad eterna si se sospecha de vínculos con el narcoterrorismo o si se rompe el hilo democrático.

La diplomacia latinoamericana se encuentra hoy ante un espejo incómodo. El intento de la CELAC por defender a Maduro es el último estertor de una vieja política que prefiere la estabilidad de los tiranos a la incertidumbre de la libertad. Argentina y sus aliados han recordado al continente que la soberanía reside en los pueblos y sus votos, no en los búnkeres de quienes se niegan a soltar el poder.