La deriva ideológica del Partido Demócrata de EEUU: priorizar al dictador sobre los derechos del pueblo de Venezuela

Si el Partido Demócrata permite que su agenda sea dictada por quienes ven en Maduro a un aliado ideológico en lugar de a un dictador sanguinario, no solo estará dándole la espalda al pueblo venezolano, sino también a los valores de libertad y justicia que dicen defender

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El ala izquierdista del Partido Demócrata: Alexandría Ocasio Cortés, Zohran Mamdani y Bernie Sanders - Foto: B. Sanders

La reciente captura de Nicolás Maduro ha dejado al descubierto una fractura preocupante en el panorama político estadounidense. Mientras el mundo observa el fin de una era de opresión, un sector influyente del Partido Demócrata de Estados Unidos ha optado por un camino insólito: criticar la detención del dictador en lugar de celebrar la liberación de una nación.

El Partido Demócrata desconectado de la realidad venezolana

Es alarmante observar cómo figuras de peso en el ala izquierdista del partido, como los senadores Bernie Sanders, Andy Kim y Jim McGovern, junto con las representantes Alexandria Ocasio-Cortez y Melanie Stansbury, entre otros, han volcado sus esfuerzos en las redes sociales para cuestionar el procedimiento legal contra Maduro. En sus discursos, las palabras “soberanía” o “legalidad” parecen ser utilizadas como escudos para proteger a un autócrata, mientras el silencio sobre el sufrimiento humano es ensordecedor.

Estos políticos parecen olvidar —o ignorar deliberadamente— las cifras del horror:

  • Millones de exiliados: Más de 7 millones de venezolanos han huido de su país, protagonizando una de las crisis migratorias más graves del mundo para escapar del hambre y la persecución.

  • Violación de Derechos Humanos: Informes internacionales han documentado años de torturas, ejecuciones extrajudiciales y la aniquilación sistemática de la disidencia.

  • Desapariciones forzadas y un Poder Judicial inexistente que actúa y encarcela sin juicio previo.

El silencio ante las víctimas y la burla a Biden

Resulta paradójico que los izquierdistas del Partido Demócrata como el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani o la congresista Ocasio-Cortez, que suelen enarbolar las banderas de la justicia social, no hayan emitido ni un solo mensaje de solidaridad hacia las víctimas del régimen chavista. Para esta facción, el “progresismo” parece detenerse en las fronteras de las dictaduras de izquierda.

Además, esta postura ignora la historia reciente de humillaciones diplomáticas. Durante años, Maduro se burló de la administración del expresidente Biden. Acuerdo tras acuerdo, el régimen venezolano prometió aperturas democráticas que nunca cumplió, utilizando las negociaciones solo para ganar tiempo y oxígeno económico mientras seguía reprimiendo a su pueblo.

El historial de engaños: De Barbados a la traición sistémica

La captura de Maduro no es un acto aislado, sino el desenlace de años de cinismo diplomático. El caso más flagrante fue el Acuerdo de Barbados (2023), un pacto donde el régimen se comprometió ante la comunidad internacional y la administración Biden a realizar elecciones libres a cambio del levantamiento temporal de sanciones petroleras y de gas.

Sin embargo, el guion de Maduro siempre fue el mismo: obtener oxígeno económico mientras asfixiaba la ruta democrática. Los hitos de su engaño incluyen:

  1. La inhabilitación de María Corina Machado: A pesar de haber acordado un mecanismo para revisar las inhabilitaciones, el régimen utilizó al Tribunal Supremo para ratificar el veto a la candidata que arrasó en las primarias, violando el derecho del pueblo a elegir libremente.

  2. La persecución de la oposición: Mientras Biden liberaba a los “narcosobrinos” y a Alex Saab como gestos de buena voluntad, Maduro respondía encarcelando a miembros del equipo de campaña de la oposición y persiguiendo a activistas de derechos humanos.

  3. El bloqueo al Registro Electoral: Se impidieron auditorías confiables y se pusieron trabas casi insuperables para que los millones de venezolanos en el exterior —aquellos que huyeron de su miseria— pudieran inscribirse para votar.

  4. La expulsión de observadores internacionales: Tras prometer observación técnica, el régimen revocó la invitación a la Unión Europea, demostrando que solo aceptaba testigos a su medida.

Este patrón de conducta deja en evidencia que para Maduro los acuerdos nunca fueron una hoja de ruta hacia la paz, sino una herramienta de manipulación. Quienes hoy, desde la comodidad de sus despachos en Washington o Nueva York, critican su detención, están ignorando deliberadamente que fue el propio dictador quien pateó la mesa de negociación, burlándose no solo del gobierno de los Estados Unidos, sino de la última esperanza de una salida institucional para Venezuela.

Conclusión: Una brújula moral perdida

El hecho de que líderes electos en la democracia más poderosa del mundo prefieran escandalizarse por la captura de un criminal internacional que por el calvario de millones de ciudadanos venezolanos es una señal de alerta.

Si el Partido Demócrata permite que su agenda sea dictada por quienes ven en Maduro a un aliado ideológico en lugar de a un dictador sanguinario, no solo estará dándole la espalda al pueblo venezolano, sino también a los valores de libertad y justicia que dicen defender. La justicia para Venezuela no debería tener color político.