El miedo en Miraflores, el chavismo sin margen de maniobra y el círculo íntimo que sostiene a Maduro

La presión de Estados Unidos, con buques militares en el Caribe y el cierre total del espacio aéreo, ha dejado a Venezuela aislada y al chavismo sin margen de maniobra

0
137
Maduro y el círculo íntimo que lo sostiene: Cabello, Padrino López, su mujer Cilia Flores y Jorge y Delcy Rodríguez - Fotos MIPPCI

Las reuniones de última hora en Miraflores son el reflejo de un régimen acorralado. Nicolás Maduro, rodeado por su círculo más cercano —Padrino López, Diosdado Cabello, los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez y su mujer Cilia Flores—, intenta diseñar una salida en medio de una tormenta que ya no puede controlar. La presión de Estados Unidos, con buques militares en el Caribe y el cierre total del espacio aéreo, ha dejado a Venezuela aislada y al chavismo sin margen de maniobra.

Lo que se discute en esas reuniones no es el bienestar del pueblo venezolano, sino la supervivencia de quienes han convertido al país en un laboratorio de autoritarismo. El miedo no es por la soberanía nacional, sino por el destino personal de los jerarcas chavistas ante una eventual caída del régimen. Temen incursiones militares, temen tribunales internacionales, temen perder los privilegios que han sostenido a costa del hambre y la miseria de millones.

En este contexto, Padrino López ha recurrido a los asesores más influyentes del régimen: agentes de inteligencia cubanos.

La respuesta que llega desde La Habana es tan predecible como peligrosa, según informa una fuente militar disidente: resistir hasta las últimas consecuencias, incluso mediante operaciones de falsa bandera para culpar a Estados Unidos de agresiones ficticias. ¿Qué significa esto? ¿El chavismo está dispuesto a sacrificar vidas venezolanas para sostener su narrativa y prolongar su poder? Es la lógica del autoritarismo: cuando se ve acorralado, no negocia, incendia, nos explica – bajo anonimato – un ex alto militar desde Caracas.

Maduro y su cúpula no buscan soluciones para la crisis humanitaria, ni para el colapso económico, ni para la diáspora que desangra al país. Su prioridad es blindarse, aunque eso implique arrastrar a Venezuela a un conflicto bélico. La historia latinoamericana está llena de dictaduras que, en su agonía, eligieron la violencia antes que la rendición. El chavismo parece decidido a repetir ese patrón.

La pregunta no es si el régimen caerá, sino cuánto sufrimiento está dispuesto a infligir antes de hacerlo. Cada maniobra desesperada, cada estrategia oscura, cada mentira disfrazada de patriotismo confirma lo que ya sabemos: el chavismo no defiende a Venezuela, se defiende a sí mismo. Y en esa defensa, el pueblo es solo carne de cañón.