
Al grito de “que se vaya” y “libertad, libertad”, “Olelé, olalá, si este no es el pueblo, el pueblo donde está” y con pancartas que decían: “devuelvan el país” y “Esto no es Venezuela”, los manifestantes convocados a través de las redes sociales, coparon la histórica Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, sede del Gobierno y otros miles lo hicieron en la residencia presidencial de Olivos. Las calles del centro de la ciudad y el Obelisco se vieron desbordados por la marea humana de manifestantes, mientras en la ciudades del interior del país, las movilizaciones se transformaban en masivas.
Rosario, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta, Mar del Plata, Posadas, San Juan, Neuquén y otras capitales provinciales, se fueron integrando a la imponente protesta que adquirió dimensión nacional.
Las medidas económicas, el cepo al cambio de moneda, las restricciones a los viajes al exterior, la corrupción, la inseguridad, la inflación y el proyecto de ley para una posible re-relección de Cristina Kirchner, fueron las causas de la multitudinaria movilización de protesta de los argentinos.
La presidenta argentina, ante la magnitud de las protestas, manifestó “Por más que algunos se pongan nerviosos. Yo nerviosa no me voy a poner ni me van a poner”.
La enorme cantidad de gente en el centro de Buenos Aires, superó todas la previsiones de los convocantes y la saturación de los accesos impedía la llegada de más manifestantes.
La movilización se desarrolló en forma pacífica y la policía, presente en los lugares de las protestas, no debió intervenir para calmar a los manifestantes.









