¡Ahí están! intentan dominarnos; alguien que maneja los hilos desde las sombras quiere abducirnos.
Basta subir a cualquier línea de metro o viajar en autobús o simplemente sentarse en una terraza para beber un refrigerio, o estar en una reunión familiar para verificar que los zombis conviven con nosotros, felizmente sin comer carne humana…todavía.
Solo hay que mirar alrededor para comprobarlo y darnos cuenta que allí están ellos, ya poseídos y con la mirada fija en alguno de esos infernales aparatos. Están desconectados del planeta tierra y entregados en cuerpo y alma a descifrar los mensajes que luego contestarán y volverán a leer una y otra vez.
Otros, con los auriculares en los oídos, se dejan absorber por una música que les domina y no les permite reaccionar, mientras algunos hablan a través de ese sistema llamado “WhatsApp”, que quien no lo utilice es mirado como un ser antiguo e ignorante de los avances de la tecnología.
Estoy en el metro; miro en derredor y contabilizo, solo en el vagón en el que viajo, a ocho abducidos que revisan el móvil; cuatro con los cascos en las orejas, escuchan vaya a saber que música que los traslada muy lejos de allí.
Dos se han volcado a la lectura a través del libro electrónico, el nuevo avance tecnológico que aquel personaje llamado Nicolás Negroponte, vaticinó en 1999 que suplantaría al libro en papel.
Curiosamente Negroponte , lo afirmó desde las páginas de un libro editado en…papel, y fue un best sellers en la época.
Pero eran más, felizmente, los que sentados o de pie, viajando en el metro, leían el tradicional y hermoso libro impreso en papel, que por más que lo vaticinen los gurús de las nuevas tecnologías, nunca desaparecerá.












