La doble vara de un modelo agotado
El kirchnerismo, ese sector que hoy sobrevive entre causas judiciales y condenas por corrupción, ha decidido reflotar su histórica hostilidad hacia Uruguay. Entre 2006 y 2010, con su aval y liderazgo, los asambleístas de Gualeguaychú mantuvieron bloqueado el puente General San Martín, asfixiando el comercio y las relaciones diplomáticas bajo la bandera de un ecologismo que nunca practicaron en casa.
Mientras hoy pretenden dictar normas ambientales a Uruguay, el kirchnerismo ha dejado que las fábricas argentinas arrojen residuos al río Uruguay durante décadas sin control alguno. La hipocresía es total: no hubo trabajos para sanear las aguas propias, pero existe una obsesión por sabotear el progreso ajeno.
Judicialización y descaro: El plan de Fuerza Patria
Ahora, los alfiles de la expresidenta —condenada en la causa Vialidad y señalada como jefa de una asociación ilícita en la causa de los cuadernos de las coimas— buscan repetir la historia. Los legisladores Guillermo Michel, Marianela Marclay y Adán Bahl, integrantes del bloque Fuerza Patria, han logrado que un juzgado de Concepción del Uruguay haga lugar parcialmente a un reclamo contra la empresa HIF Global.
Este avance judicial busca imponer condiciones en territorio uruguayo, una movida que es vista como un atropello a la soberanía de un país serio por parte de una facción política marcada por el delito y la ineficiencia.
Puntos clave del conflicto:
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Intromisión soberana: Legisladores de un sector procesado por corrupción pretenden decidir sobre inversiones en Paysandú.
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Legado de impunidad: Cristina Fernández de Kirchner, líder del movimiento, suma condenas y procesamientos mientras su bloque intenta exportar su modelo de conflicto.
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Cinismo ambiental: El reclamo por el hidrógeno verde ignora el desastre ecológico generado por la falta de controles en la industria argentina bajo gestiones kirchneristas. Se ha señalado previamente que el Parque Industrial Gualeguaychú, en Entre Ríos, supera los niveles de contaminación permitidos.
- El Parque Industrial Gualeguaychú (PIG) en Entre Ríos ha sido señalado por arrojar contaminantes al río Gualeguaychú, que desemboca en el río Uruguay, con informes técnicos indicando que su planta depuradora ha estado desbordada. Estudios han mostrado que los vertidos industriales impactan negativamente la calidad del agua.
El intento de frenar la planta de hidrógeno verde no es más que un nuevo acto de patoterismo internacional. Uruguay, una nación con instituciones sólidas y respeto por la ley, se enfrenta nuevamente al asedio de un kirchnerismo que, incapaz de gestionar su propio país, busca proyectar su sombra de estancamiento y conflicto sobre la orilla de enfrente.













