La importancia de las ideas liberales

Saber cuáles son

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Por Héctor Dotta.-

“Si la administración resuelve ir a la guerra, se afirma que, a sabiendas o no, confunde los intereses de la nación, y que la paz es, en el estado de cosas actual, infinitamente preferible. Si, por el contrario, los ministros se inclinan por la paz, nuestros escritores políticos respiran guerra y devastación, y presentan la conducta del gobierno como vil y pusilánime”.

“Tememos ser víctimas del poder arbitrario si no tuviésemos buen cuidado de evitar sus progresos y no hubiese un sistema fácil para dar la alarma de un extremo a otro”.

“… nada más eficaz como la libertad de imprenta, que permite poner todo el saber, el ingenio y el talento de la nación al servicio de la libertad, y anima a todo el mundo a defenderlo”.

David Hume en los ensayos políticos del volumen de 1741 (publicados de 1741 a 1758) era una de las lecturas preferidas, hace doscientos cincuenta años, de quienes declararon, el 4 de julio de 1776, la independencia de los Estados Unidos. Treinta años después, a través de las plumas de Thomas Paine en “La independencia de Costa Firme. Justificada por Thomas Paine, treinta años ha”, que fuera traducido al español por el venezolano Manuel García de Sena, el antiguo funcionario inglés, maestro y corsetero emigrado a las colonias con su familia a finales de 1774, cuyo panfleto inspirado en Hume y en John Locke “El sentido común”, publicado en 1775 y de gran influencia, en 1776 tuvo 25 reimpresiones, era leído, además de por Benjamín Franklin, John Adams, Robert Livingston, y Thomas Jefferson, quien preparó de pie el borrador de la declaratoria de la independencia de 4 de julio de 1776, por los libertadores de la América española, tanto como por los republicanos europeos peninsulares.

La diferencia entre la república y una monarquía constitucional como la inglesa entonces, que venía consolidando un extraordinario período de estabilidad desde 1714 con el sistema de monarquía parlamentaria surgido de la revolución de 1688, o la que resultó después de la independencia del Brasil sin derramar ninguna gota de sangre, con un parlamento donde alternaban liberales y conservadores y un monarca ilustrado como Pedro segundo, era inexistente en los conceptos de libertad de expresión y de imprenta a ser protegidos en su ejercicio. La expresión libre y pública de los críticos del poder y de las acciones del gobierno de turno, sin miedo de vindicaciones porque creían que la libertad iba a hacer prevalecer la verdad y la justicia, representativo de corrientes políticas diversas o simplemente de lo que “respiran nuestros escritores políticos”, eran atributos que la naturaleza con mayúsculas había creado y dotado a los individuos. Los excesos posibles del poder que les provocaban una visceral desconfianza, era el problema para revolver, cuyo mejor antídoto consideraron la libertad individual.

Este esquema conceptual es el fundacional de toda la América, desde el polo Norte hasta el Sur. Es la permanencia. Sus lamentables alteraciones son excepciones sujetas a la caducidad biológica del caudillo o jefe o de quien haga sus veces, o ejerza la fuerza, aún legítima pero que lo deja de ser inmediatamente de abolir o restringir la expresión crítica libre y pública, o la caducidad de la tolerancia de quienes, generalmente por temor, los consienten hasta un punto en que el hartazgo, el coraje o la indignación superan al miedo.

De qué lado estar

Hoy, en un mundo tan convulsionado, es necesaria la claridad en las ideas liberales. Es este cuerpo básico de ideas que hace posible la demarcación fronteriza, el poder ubicar en la geografía planetaria que es lo que queremos y lo que no queremos permanentemente. Permite avalar o desestimar un sistema de gobierno, régimen o país, y definirlo.
Preguntas simples: ¿hay o no libertad de expresión y de prensa? ¿Hay partidos o sectores políticos de oposición? ¿Si sus líderes tienen o no miedo porque terminan en la cárcel o perseguidos por opinar distinto? Poder separar la paja del trigo. Saber de qué lado estamos.