Café con trazos: Artista de dos mundos, muestra de un país entero

Esta vez el camino nos trajo a Rocha, a la Sala de Exposiciones Prof. Eduardo Saldain del Teatro 25 de Mayo, donde está instalada la muestra retrospectiva de Osvaldo Leite, bajo el título que lo define: Artista de dos mundos

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Por Juan Carlos Barreto.-

Café con trazos sigue recorriendo el país. Y en ese andar nos seguimos encontrando con estas cosas que suceden, con estas muestras, con estos artistas. Cosas que cruzan el puente de hierro sobre el pajonal, como dijera Zitarrosa refiriéndose al puente sobre el Santa Lucía en Santiago Vázquez. Una metáfora que sigue vigente: lo mejor del arte uruguayo no siempre se queda en la capital. A veces cruza, viaja, llega. Y cuando llega, el interior sabe recibirlo.

Esta vez el camino nos trajo a Rocha, a la Sala de Exposiciones Prof. Eduardo Saldain del Teatro 25 de Mayo, donde está instalada la muestra retrospectiva de Osvaldo Leite, bajo el título que lo define: Artista de dos mundos.

Una muestra que viene de lejos. Primero estuvo en el Museo Nacional de Artes Visuales en Montevideo, con más de cien obras. Luego viajó al Museo Departamental de San José, a Tacuarembó, y ahora llega a Rocha. Un recorrido que no es casual: la obra de Leite tiene esa condición itinerante, esa capacidad de encontrar su lugar en distintos territorios y distintos públicos. Y en cada parada gana algo nuevo.

Según los textos que acompañan la muestra, Osvaldo Leite nació en Cruz de San Pedro, Rivera, en 1943, en un paraje rural en la frontera con Brasil. Su formación fue constante y exigente: primero en los talleres de su ciudad natal, luego becado por el Consejo Departamental de Rivera y la UNESCO para formarse con Edgardo Ribeiro, discípulo directo de Joaquín Torres García. La ficha curatorial destaca también un dato que merece recordarse especialmente: con apenas 21 años fue nombrado profesor de Dibujo y Pintura en el Museo Departamental de San José, donde trabajó durante años comprometido con el lugar, dejando huella en generaciones de estudiantes y en la vida cultural del departamento.

Después vino Europa. Y lo que iba a ser una estadía de estudio se transformó en una vida. Según el mismo recorrido que la muestra reconstruye, especialistas lo consideran el mayor retratista que actúa en el viejo continente. Su pincel retrató a siete jefes de Estado, a los reyes de Bélgica, al presidente francés Jacques Chirac — quien lo condecoró como Caballero de la Orden Nacional al Mérito — y a una larga galería de la nobleza y la aristocracia europea. En Uruguay, sus obras están presentes en la Cancillería, el Banco República, el Banco Central y el Palacio Legislativo, donde cuelgan catorce cuadros de su autoría, entre ellos los retratos de Juana de Ibarbourou y Adela Reta. En 2025 fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo.

Y sin embargo la obra no se vuelve distante. Hay en Leite una fidelidad a la pintura que el Dr. Julio María Sanguinetti supo resumir con precisión en 1995: “Inscripto en la rigurosa tradición del arte uruguayo, Leite ha mantenido la adhesión firme y sin claudicaciones a la pintura-pintura… Esta es una característica sostenida en su arte, desde el fundacional Juan Manuel Blanes hasta expresionistas tan revolucionarios como José Cúneo.”

Quienes visiten la muestra en Rocha encontrarán además la posibilidad de llevarse el catálogo editado en ocasión de la retrospectiva, disponible para adquirir en la sala. Un volumen de 320 páginas con textos de Pablo Atchugarry, Enrique Aguerre, ex – director del MNAV, y otros autores. Un libro que prolonga la experiencia más allá de las paredes.

Recorrer la Sala Saldain con estas obras es entender que el arte no tiene sede fija. Que una retrospectiva puede viajar, y que al viajar gana. La Sala Saldain luce siempre hermosa, una verdadera joyita en el este del país, y en ese marco la muestra se puede apreciar en toda su dimensión. Cada obra encuentra su lugar, cada espacio respira con la pausa propia de una ciudad que sabe mirar.

El puente, como decía Zitarrosa, sigue ahí. Y del otro lado siguen pasando cosas importantes.

Buena jornada. Buen café.