Hay una patología muy extendida entre las estrellas de Hollywood: creer que ganar un Oscar las dota automáticamente de una clarividencia política universal. El último y bochornoso ejemplo lo ha dado Susan Sarandon en los Premios Goya. La actriz, cuya faceta de activista ha terminado por devorar cualquier rastro de su talento artístico, aterrizó en España para soltar un discurso tan cargado de soberbia como vacío de realidad.
Lecciones de “progresismo” desde la mansión
Resulta insultante que una millonaria que vive en el epicentro del capitalismo estadounidense pretenda dar carnets de “buen gobierno” a los españoles. Sarandon tuvo la osadía de afirmar que Pedro Sánchez está en el “lado correcto de la historia”. Habría que preguntarle a la actriz: ¿A qué “historia” se refiere?
¿A la de un presidente cercado por la corrupción que salpica directamente a su partido y a su propio entorno familiar?
¿A la de un Ejecutivo que sobrevive arrodillado ante socios cuyo único fin es destruir la unidad de España?
¿A la de un gobierno que debilita las instituciones para mantenerse en el sillón a cualquier precio?
Es muy fácil jugar a la revolucionaria de salón cuando no se pagan los impuestos en España, cuando no se sufre el asfixiante sectarismo de este Gobierno y cuando se ignora, por pura desidia intelectual, el sentir de la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Un discurso servil y de oídas
Sarandon no habló por convicción, sino por boca de ganso. Se limitó a repetir el guion que sus terminales ideológicas locales le susurraron al oído, sin molestarse en estudiar un solo dato de la realidad española. Su intervención no fue un acto de libertad de expresión, sino un ejercicio de servilismo político hacia un poder que usa la cultura como escudo y propaganda.
Defender lo indefendible bajo los focos de una gala es, sencillamente, lamentable. Sarandon derrapó de forma estrepitosa al intentar blanquear una gestión caracterizada por el desatino constante y el asalto a las libertades.
Basta de superioridad moral extranjera
Ya basta de que figuras internacionales, que no conocen nuestra historia ni nuestras leyes, vengan a tratarnos como una colonia ideológica. El “lado correcto de la historia” no lo decide una actriz de paso por Madrid; lo decide un pueblo que está harto de ver cómo su país se subasta en despachos oscuros. Y la acotación de la actriz demuestra su ignorancia de la realidad: “Veo a vuestro presidente hablar con tanta lucidez y me da fuerzas para continuar”.
Susan Sarandon debería limitarse a actuar, porque como analista política no es más que una turista despistada con un ego sobredimensionado. España no es el decorado de su próxima película ni el vertedero de su ideología trasnochada.













