Rodríguez Zapatero: el cinismo gigantesco de un “bombero” pirómano

Calificar su propia tarea como "gigantesca" mientras millones de venezolanos huyen del hambre y el terror es de un narcisismo clínico. Zapatero no ha sido un mediador; ha sido el balón de oxígeno que la tiranía necesitaba cada vez que estaba contra las cuerdas

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Zapatero, Maduro y los hermanos Rodríguez - Foto Presidencia

Por Paco Tilla.-

Lo de José Luis Rodríguez Zapatero ya no es mediación, ni siquiera es diplomacia de bajo perfil; es una patología política que roza el insulto a la inteligencia colectiva. En su última aparición en Onda Cero, el expresidente español ha intentado un triple salto mortal sin red, tratando de convencernos de que su servilismo a la dictadura de Nicolás Maduro era, en realidad, una misión de infiltración humanitaria digna de una novela de espionaje barata.

La complicidad disfrazada de “amistad personal”

Zapatero confiesa, sin que se le mude el gesto, que tiene una “amistad personal” con los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge. Los mismos que han sido señalados por organismos internacionales como piezas clave en el engranaje de represión y persecución en Venezuela. Dice el expresidente que ellos “trabajaban para que no se consumaran determinadas cosas”.

¿Qué cosas, José Luis? ¿Los informes de la ONU sobre crímenes de lesa humanidad? ¿Las detenciones arbitrarias? ¿O quizás las torturas en “La Tumba” que ahora, de repente, admite que existen? Resulta vomitivo que presente a los verdugos como “aliados silenciosos” de la libertad. Es como decir que el lobo es el mejor amigo de la oveja porque solo se come a una por noche en lugar de a todo el rebaño.

El “gigante” de la humildad

Calificar su propia tarea como “gigantesca” mientras millones de venezolanos huyen del hambre y el terror es de un narcisismo clínico. Zapatero no ha sido un mediador; ha sido el balón de oxígeno que la tiranía necesitaba cada vez que estaba contra las cuerdas. Su “diálogo” ha sido la sala de espera donde la democracia venezolana fue a morir por inanición.

Zapatero dice que “todo se va a ir sabiendo”. Lo que ya sabemos es que su silencio ha sido el mejor aliado del garrote vil.

El panqueque moral

Admitir ahora la represión después de años de negacionismo no es un acto de honestidad, es un intento desesperado de lavado de imagen ante el juicio de la historia. Zapatero sabe que el barco de Maduro tiene demasiadas vías de agua y está intentando lanzarse al mar con un salvavidas ético que no le pertenece.

No hay voltereta retórica que oculte la realidad: mientras él disfrutaba de la hospitalidad del régimen y forjaba “amistades personales”, las cárceles se llenaban de inocentes. Su “labor gigantesca” no ha sido evitar una guerra civil, sino garantizar la paz de los cementerios y la estabilidad de un dictador.