Escándalo en Brasil: Denuncian “puesta en escena” de la Policía Civil de Río de Janeiro y falta de imparcialidad en el caso de la turista argentina

La justicia, para ser tal, debe ser ciega. Sin embargo, en el Brasil actual, parece haber recuperado la vista solo para elegir estratégicamente a quién castigar y a quién proteger. Lo que debería ser una lucha frontal y ejemplar contra el racismo se ha transformado, bajo la óptica de diversos casos recientes, en una herramienta de conveniencia nacionalista y política

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Si un brasileño provoca a los rivales imitando a un mono, no hay sanciones, pero si lo hace un extranjero en Brasil termina preso

RÍO DE JANEIRO – El inicio del juicio contra la abogada argentina Agostina Páez, acusada de racismo, programado para este martes 24 de marzo, se ve envuelto en una densa polémica que trasciende los gestos racistas denunciados. Lo que comenzó como un altercado en un bar de la ciudad se ha transformado en un debate sobre la instrumentalización política de la justicia y la presunta falta de imparcialidad de la Policía Civil de Río de Janeiro y de los jueces brasileños.

Un video bajo la lupa: ¿Justicia o propaganda?

La controversia estalló tras la difusión de un video por parte de la Policía Civil en el marco de una campaña antirracismo. Fuentes cercanas a la defensa denuncian que la pieza audiovisual es una “provocación sesgada” que omite partes cruciales de la secuencia.

Según se alega, el material omite deliberadamente que uno de los camareros involucrados realizó gestos obscenos hacia la turista argentina antes de la reacción de esta. Al recortar la realidad, se acusa a la fuerza de seguridad de alimentar un clima de linchamiento público y de incitar a una mayor violencia en lugar de preservar el orden y la objetividad.

El escandaloso video de la Policía Civil de Río de Janeiro

Desproporción y politización judicial

El caso de Páez ha levantado alarmas por la severidad de las penas solicitadas: 15 años de prisión. Para diversos analistas, esta medida resulta a todas luces desproporcionada, alimentando la tesis de una justicia brasileña “totalmente sometida” a la agenda del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

“Se percibe una alarmante falta de independencia judicial, donde el sistema parece buscar castigos ejemplarizantes de tinte político en lugar de una aplicación equilibrada de la ley”, señalan observadores internacionales.

El doble rasero del racismo en Brasil

La crítica no se limita al procedimiento, sino a una supuesta doble vara para medir actos discriminatorios dependiendo de la nacionalidad del autor:

  • Caso Agostina Páez: Máxima exposición mediática, campaña policial en contra y pedido de pena máxima.

  • Caso Endrick: Se recuerda el episodio en la Copa Libertadores en Montevideo, donde el jugador brasileño realizó gestos de simio hacia la hinchada de Liverpool de Uruguay. En aquel entonces, la reacción de las autoridades y medios brasileños fue de un silencio absoluto o minimización del hecho.

Este doble criterio llega al paroxismo en el ámbito del fútbol profesional. En 2024, durante un encuentro entre Liverpool (Uruguay) y Palmeiras, el jugador brasileño Endrick celebró un gol imitando a un mono frente a la hinchada uruguaya que ofendió a los charrúas
  • Del mismo modo, Deyverson, del Atlético Mineiro, provocó a la hinchada de River Plate en Argentina con gestos similares. En ambos casos, los jugadores brasileños no solo evitaron los juzgados, sino que contaron con una suerte de blindaje mediático y judicial que sus pares extranjeros no poseen. Para la justicia de Brasil, al parecer, el racismo solo es delito cuando no lo comete un compatriota.
Deyverson, del Atlético Mineiro, provocó a la hinchada de River Plate en Argentina

Si bien el racismo es una conducta que debe condenarse sin ambigüedades en cualquier contexto, el caso Páez pone de manifiesto una crisis de credibilidad en las instituciones brasileñas, donde la justicia selectiva y la manipulación mediática policial parecen estar ganando terreno sobre el debido proceso.