
El comunicado del Departamento de Estado es elocuente: “Las autoridades de Estados Unidos y las interinas de Venezuela han acordado restablecer relaciones diplomáticas y consulares. Este paso facilitará nuestros esfuerzos conjuntos para promover la estabilidad, apoyar la recuperación económica y avanzar en la reconciliación política en Venezuela.
Nuestro compromiso se centra en ayudar al pueblo venezolano a avanzar a través de un proceso gradual que cree las condiciones para una transición pacífica hacia un gobierno elegido democráticamente.
Estados Unidos mantiene su compromiso de apoyar al pueblo venezolano y trabajar con socios en toda la región para promover la estabilidad y la prosperidad”.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los discursos desde Washington retumbaban con una promesa innegociable: “Todas las opciones están sobre la mesa”. Bajo el estandarte de la “Presión Máxima”, la administración de Donald Trump se presentaba ante el mundo como el guardián de la libertad en el hemisferio, asfixiando económicamente a una dictadura que desangraba a su pueblo. Hoy, ese eco de esperanza se ha transformado en una actitud inexplicable en medio del crujir de los contratos petroleros.
Los rostros de la dictadura, ahora socios diplomáticos
La normalización de las relaciones entre Estados Unidos y el régimen chavista ha cruzado una línea roja que muchos consideraban impensable. El gobierno de Donald Trump no solo ha restablecido el contacto consular, sino que ha legitimado como interlocutores a figuras señaladas por la comunidad internacional como los artífices de la represión en Venezuela.
La Casa Blanca parece haber dejado atrás las sanciones y las acusaciones criminales para estrechar la mano de personajes con expedientes oscuros. Entre los nombres que ahora cuentan con el respaldo de Washington como canales oficiales se encuentran:
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Delcy y Jorge Rodríguez: Los operadores políticos del régimen, hoy señalados como la “bisagra” de confianza de Trump para asegurar el flujo petrolero.
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Diosdado Cabello: A pesar de las recompensas previas por su captura y sus vínculos con redes de control social coercitivo, hoy es reconocido como una pieza clave en el “orden” interno que EE.UU. desea mantener.
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Vladimir Padrino López: El brazo militar que garantiza la permanencia del sistema y que ahora actúa bajo un pragmatismo aceptado por el Pentágono.
Un futuro decidido por el crudo, no por el voto
El análisis de los expertos es lapidario: la “Realpolitik” de Washington ha sacrificado la urgencia de un cambio democrático. Mientras los cómplices de la dictadura recuperan su estatus internacional y se presentan como “garantes de la estabilidad”, el pueblo venezolano siente que su libertad ha sido canjeada en una mesa de negociación donde el único lenguaje que se habló fue el de los barriles de petróleo.












