Café con trazos: Dibujar para conversar

En la obra del uruguayo Jaime Clara, el dibujo no se limita a deformar rasgos: interpreta. Hay una observación atenta, una capacidad de síntesis y, sobre todo, una intención de capturar algo esencial de cada figura retratada

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“Artes y Letras del Perú en caricaturas. Homenaje a Bruno Podestá”, del artista Jaime Clara, muestra organizada por el MAPI junto a la Embajada del Perú en Uruguay

Por Juan Carlos Barreto.-

En este recorrido que Café con trazos viene realizando por distintos espacios culturales
del país, la parada de hoy nos trae nuevamente a Montevideo. Más precisamente, al
Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), un lugar que ha sabido construir una
identidad propia dentro del circuito cultural de la ciudad, integrando patrimonio,
investigación y propuestas contemporáneas.

En su cafetería —un espacio que también funciona como punto de encuentro y
circulación de ideas— quedó inaugurada el pasado jueves al mediodía la muestra
“Artes y Letras del Perú en caricaturas. Homenaje a Bruno Podestá”, del artista Jaime
Clara, organizada junto a la Embajada del Perú en Uruguay.

Hay algo particularmente interesante en este tipo de espacios. La cafetería del museo
no es una sala tradicional, pero tampoco es un lugar de paso. Es un espacio más
cercano, donde el arte aparece sin solemnidad, casi como quien se sienta a conversar.
Y en ese clima, esta muestra encuentra su lugar natural.

Juan Carlos Barreto de ICN Diario, Facundo De Almeida, Director del MAPI y el artista Jaime Clara

El trazo como forma de pensamiento
La caricatura suele ser entendida como un género menor, asociado al humor o a la
exageración. Sin embargo, cuando está bien trabajada, se convierte en una
herramienta de lectura cultural de enorme potencia.

En la obra de Jaime Clara, el dibujo no se limita a deformar rasgos: interpreta. Hay una
observación atenta, una capacidad de síntesis y, sobre todo, una intención de capturar
algo esencial de cada figura retratada.

En esta serie dedicada a la cultura peruana, el dibujo funciona como una forma de
acercamiento. Como otra manera de leer. Como una forma —quizás más directa— de
entrar en contacto con autores, artistas, músicos y pensadores.

Como él mismo lo dice:
“dibujar es fijar un gesto, exagerar una idea para hacerla visible”.
Y en esa operación aparece algo más profundo: una forma de conocimiento.

Una deriva que se vuelve obra
Lo interesante de esta muestra es que no nace como un proyecto cerrado. No
responde a una planificación rígida ni a una curaduría tradicional.

Por el contrario, como señala el propio artista, se trata de un proceso más orgánico:
“No fue un proyecto deliberado, sino una deriva natural, una afinidad electiva que se
reveló en los trazos y en los rostros de escritores, artistas, músicos y pensadores
peruanos…”

Esa idea de deriva es clave. Porque explica la libertad del trazo, la diversidad de figuras
y también la naturalidad con la que el conjunto se fue construyendo.

Cada caricatura condensa una historia, pero también una relación. Un vínculo con una
cultura que aparece no como objeto de estudio, sino como algo cercano, vivido.

Esa misma lógica tiene otra arista interesante. No todos los retratados forman parte de
un conocimiento previo del artista. En varios casos, el propio Jaime Clara ha señalado
que se enfrenta a figuras cuya obra o trayectoria no le resultan familiares. Y es
justamente allí donde aparece otro desafío: dibujar también como forma de
aproximación, como una manera de entrar en esos rostros desde la intuición y la
observación. El trazo, entonces, no solo reconoce; también explora.

Un proyecto que se vuelve memoria
Pero en este caso hay, además, una dimensión más íntima. La muestra nace también
de un vínculo personal entre el artista y el homenajeado, Bruno Podestá, con quien
venían trabajando desde hacía tiempo en la idea de esta exposición, pensada como un
espacio de encuentro entre Lima y Montevideo.

Intercambiaban ideas, bocetos, autores posibles. Pensaban la muestra como un relato
visual sobre el Perú.

Incluso, días antes de su desaparición física, el proyecto estaba prácticamente pronto.
Esa condición le otorga a la muestra un carácter especial. Aquella exposición pensada
para tender puentes entre culturas se transforma hoy, inevitablemente, en un
homenaje póstumo. Y en ese pasaje —de proyecto compartido a memoria— aparece
una dimensión más profunda, donde el arte también cumple la función de sostener,
recordar y continuar.

Podestá, escritor y gestor cultural, desarrolló durante años una tarea sostenida de
acercamiento entre Perú y Uruguay. Pero también —y en un plano más cercano— es
justo reconocer su calidad humana. En lo personal, su presencia en cada edición de la
Feria del Libro de San José dejó una huella clara, acompañando a escritores y artistas,
generando vínculos que aún hoy se recuerdan.

Su trabajo ayudó a tejer una red de relaciones que excede lo institucional. En ese
sentido, el homenaje no es solo a una figura, sino a una forma de entender la cultura.
Como bien se expresa en la propia muestra:
“Que estos dibujos sean un puente y una forma de decirle a Bruno que la conversación
continúa”.

En la apertura de la muestra, Jaime Clara justo a la Embajadora del Perú en Uruguay, Elizabeth González y al director del MAPI

El dibujo como conversación
Hay en la caricatura una dimensión que a veces pasa desapercibida: su capacidad de
generar diálogo.

No se trata únicamente de lo que el artista dice, sino de lo que el espectador reconoce,
completa o interpreta. Cada trazo abre una conversación posible.

En el caso de Jaime Clara, ese diálogo se construye desde una economía de medios que
no renuncia a la profundidad. Con pocos elementos logra instalar una presencia, una
identidad, una idea.

En ese mismo recorrido, su trabajo ha ido ampliando su alcance. Sus caricaturas, que
desde hace años recorren el país, comienzan también a afirmarse en el plano
internacional. Próximamente volverán a cruzar el Atlántico rumbo a España, mientras
nuevos proyectos lo vinculan con espacios en Argentina, Perú, Canadá y Estados
Unidos.

En ese trayecto, el dibujo —muchas veces nacido de la práctica diaria— se transforma
en algo más: una forma de representación cultural. Un gesto que, sin proponérselo,
funciona como un verdadero embajador.

Y quizás allí esté una de las claves de su trabajo: entender el dibujo no como un fin en
sí mismo, sino como una herramienta para pensar. Como una forma de seguir
conversando.

Un café, un museo, una invitación
La muestra “Artes y Letras del Perú en caricaturas. Homenaje a Bruno Podestá” se
presenta en la cafetería del MAPI como una invitación abierta. A mirar, a reconocer, a
detenerse.

Podrá visitarse hasta el próximo mes de mayo. Como siempre, conviene acercarse y
consultar la cartelera del museo para conocer días y horarios.

Una nueva parada en este recorrido de Café con trazos, que sigue encontrando en el
arte una excusa para mirar el mundo —y también para conversarlo.

Buena jornada. Buen café.