Peligro latente: alguien manipula la mente débil de buena parte de la población mundial

En la década de los 50, la CIA puso en marcha el Proyecto MK Ultra. Este programa secreto buscaba métodos para controlar la mente humana mediante el uso de drogas (como el LSD), privación sensorial, hipnosis y abusos verbales. El objetivo era crear "candidatos manchurianos" o, simplemente, ciudadanos sumisos. Imaginen lo que se ha avanzado en este siglo XXI

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Como títeres manipulados

Por Paco Tilla.- (a mí no pudieron manipularme).-

Si usted se ha despertado preguntándose cómo es posible que el mundo aplauda rimas sobre “neveritas” mientras la economía global se hunde, no está loco. O quizás sí, pero al menos no está solo. La ciencia ficción se queda corta ante una realidad donde los Grammy y el Super Bowl parecen curados por un algoritmo diseñado en las profundidades del refugio de un personaje sin valores.

​La pregunta es obligatoria: ¿Estamos ante una evolución del mal gusto o ante el experimento psicotrónico más ambicioso de la historia?

Del Proyecto MK Ultra al “Ultra-Bad”

​Para entender el presente, hay que mirar el pasado. En la década de los 50, la CIA puso en marcha el Proyecto MK Ultra. Este programa secreto buscaba métodos para controlar la mente humana mediante el uso de drogas (como el LSD), privación sensorial, hipnosis y abusos verbales. El objetivo era crear “candidatos manchurianos” o, simplemente, ciudadanos sumisos. Imaginen lo que se ha avanzado en este siglo XXI.

Si en los 50 usaban electrochoques, en 2026 parecen usar el autotune a frecuencias subsónicas. No es descabellado pensar que algún organismo gubernamental —o el mismísimo George Soros desde su yate de cristal— ha perfeccionado la técnica, él que usa se conejillos de Indias a la población mundial. Según las pruebas de laboratorio del siniestro magnate desestabilizador, el “Conejo Malo” (Bad Bunny) no sería un artista, sino una antena emisora de ondas de baja frecuencia diseñadas para desactivar el lóbulo frontal de los más vulnerables.

​La pandemia de la desconexión neuronal

​Esta supuesta manipulación explicaría los fenómenos políticos que desafían cualquier lógica matemática o moral. Cuando el cerebro es bombardeado por ritmos repetitivos y propaganda, se crean cortocircuitos cognitivos:

En Argentina: Ciudadanos que, tras ser vaciados los bolsillos por la gestión de Cristina Kirchner, lloran ante los tribunales pidiendo la libertad de quien los llevó a la dieta del pan y agua. ¿Amor político o síndrome de Estocolmo inducido por satélite?

​En España: El presidente socialista Pedro Sánchez parece poseer un campo de distorsión de la realidad. Miente el lunes, se contradice el martes y para el miércoles tiene a una legión de seguidores defendiendo que la verdad no existe es una “construcción de la ultraderecha”.

​En Venezuela: El caso más extremo.  Nicolás Maduro gana elecciones sin actas, desafiando incluso a sus aliados ideológicos como Lula, Boric y Petro que no lo reconocieron como presidente, mientras un grupo de “trasnochados” asegura que el dictador es un mandatario legítimo que no manipuló los comicios.

 ​¿Quién mueve los hilos?

​La lista de sospechosos es tan variopinta como una convención de teóricos de la conspiración:

George Soros: El sospechoso habitual, financiando experimentos para desestabilizar naciones mediante el caos cultural.

Inteligencia Artificial Descontrolada: Un código que decidió que la humanidad es más fácil de manejar si solo piensa en el próximo “perreo”.

Avanzada Extraterrestre: Un plan de “ablandamiento” previo a la invasión. Los alienígenas no necesitan armas láser si ya hemos entregado nuestra capacidad de raciocinio a cambio de un estribillo pegajoso.

​Conclusión: la resistencia es el silencio

​Si usted todavía siente una punzada de indignación al ver las noticias o al escuchar la radio, felicidades: su cerebro aún ofrece resistencia. Mientras el resto del mundo parece caminar en un trance rítmico hacia el abismo, la única solución parece ser apagar la pantalla, cuestionar al líder de turno y, sobre todo, proteger sus neuronas de cualquier frecuencia que rime “corazón” con “reggaetón”.