Golpistas: el kirchnerismo y la izquierda intentaron suspender con violencia el debate por la reforma laboral en el Congreso

Florencia Carignano, del kirchnerismo, Nicolás del Caño de la ultraizquierda y el vocero militante, Roberto Navarro, las voces del golpismo en Argentina

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Florencia Carignano, la diputada golpista del kirchnerismo intentando sabotear la labor de los taquígrafos del Congreso - Imagen redes sociales

Aplicando chicanas golpistas, el kirchnerismo y la izquierda intentaron suspender el debate sobre la reforma laboral donde el oficialismo tiene los votos necesarios para que avance en la Cámara de Diputados de Argentina.

Lo que estamos presenciando en las últimas horas no son hechos aislados de “fervor político”. Es, lisa y llanamente, una ofensiva coordinada de sectores que han decidido que, si no retienen el poder, la democracia no debe funcionar. El sabotaje material, la amenaza física y el apriete mediático se han convertido en la última trinchera de un sector que desprecia las reglas del juego cuando el resultado no les favorece.

El sabotaje como método: Florencia Carignano y la consola

El video de la diputada de Unión por la Patria, Florencia Carignano, manipulando y desenchufando cables de la consola de audio frente a los taquígrafos, es la imagen perfecta de la decadencia institucional. No es una protesta; es un atentado material contra la transparencia del Estado.

Quien fuera directora de Migraciones, hoy utiliza su banca no para argumentar, sino para sabotear los equipos técnicos que garantizan el registro de la soberanía popular. Es el comportamiento de quien, ante la falta de votos, opta por el vandalismo para silenciar al adversario. El Congreso no es un comité de barrio; es la casa de las leyes, y el daño a su infraestructura debe ser castigado con el máximo rigor del reglamento.

La violencia como promesa: El delirio de Nicolás del Caño

El ultraizquierdista Nicolás del Caño, amenazando a quien vota a favor de la reforma electoral

A este cuadro de degradación se suma el ultraizquierdista Nicolás del Caño. Con la liviandad de quien nunca ha tenido la responsabilidad de gestionar, el referente de la extrema  izquierda lanzó una advertencia que hiela la sangre en un contexto democrático: “Ninguno en esta sala se la va a llevar de arriba”.

Del Caño no debate, sentencia. Al prometer violencia si una reforma no le place, está rompiendo el contrato básico de la convivencia pacífica. Es la retórica del golpismo de minorías, aquel que pretende imponer mediante el miedo lo que es incapaz de conseguir en las urnas. En su mundo, la “calle” es una excusa para la agresión física contra los representantes legítimos del pueblo.

El apriete mediático: Roberto Navarro y el mensaje mafioso al gobernador Jalil

Roberto Navarro, el vocero de la peor historia de la argentina

Para completar este trípode de hostilidad, hay personajes que han decidido abandonar cualquier rastro de ética profesional para transformarse en el vocero del kirchnerismo que empobreció a la Argentina. Roberto Navarro, el periodista ultra militante, desde su estrado de propaganda, no tuvo reparos en amenazar directamente al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil. La victimización de este personaje -Navarro- que no es periodista, es lamentable por su servilismo.

El mensaje fue claro: si el gobernador no se alinea con la estrategia de obstrucción total, habrá represalias mediáticas y políticas. Es el “periodismo de guerra” llevado al paroxismo de la mafia. Intentar quebrar la autonomía de una provincia y la voluntad de un mandatario mediante la intimidación pública es un acto de bajeza moral que define a quienes hoy se sienten dueños de la verdad absoluta.

Conclusión: Un límite impostergable

Estamos ante un bloque de intolerancia donde la amenaza con violencia de diputados golpistas y el comunicador extorsionan. Es una matriz antidemocrática que busca paralizar al país.

La sociedad argentina ya ha dicho basta a estos métodos. La justicia y las comisiones de ética del Congreso deben actuar de oficio. Si el sabotaje, la amenaza y el apriete quedan impunes, lo que muere no es una ley, sino la democracia misma. El silencio ante estos atropellos es complicidad.

La visión de las redes sociales