Por Picudo Rojo.-
En todas las universidades del mundo uno de los primeros conceptos que en materia de derecho internacional se enseña a los estudiantes es su falta de coercibilidad. La imposibilidad fáctica de imponer las resoluciones de los organismos que el mundo se dio después de la post guerra, sino cuando sus integrantes, todos, parte o uno solo, adoptan la decisión política de aplicar la fuerza para hacer cumplir lo resuelto. Hay consenso en calificar como legítimo tal uso de la fuerza: porque es el resultado de una decisión institucional internacional. Si no se llega a tales acuerdos por cualquier circunstancia incluido aquellas en que se ejerce el derecho de veto, no quiere decir que la institucionalidad falle, sino comprueba que las instituciones internacionales se tratan, nada más, y tampoco, nada menos, que de ámbitos donde el quehacer diplomático desempeña un primer filtro preventivo del conflicto de acuerdo con reglas preexistentes. El uso de la fuerza por fuera de una decisión institucional no necesariamente resulta ilegítimo. Piénsese en los actos bélicos defensivos de un ataque exterior. La invasión del 7 de octubre de 2023 es un ejemplo elocuente. O cuando, como ha ocurrido a partir del tres de enero pasado en Venezuela, en el ámbito de un conflicto civil los representantes legítimos de la nación en el exilio solicitaron el auxilio de la fuerza de otro pueblo, ante la emergencia de repeler el terrorismo de estado sistemático perpetrado por los usurpadores.
El 30 de enero pasado la prensa internacional informaba que los ministros de exteriores de la Unión Europea habían acordado por unanimidad incluir en su “lista negra” de sancionados a varios funcionarios iraníes y líderes policiales y de la milicia armada revolucionaria, en total unas 21 entidades e individuos, como respuesta a las violaciones de los derechos humanos. Murieron en la represión de la rebelión de las mujeres iranies actualmente unas 3.117 personas según la autoridad y según organizaciones independientes de derechos humanos 6.373 fallecidos, sin contar los detenidos en condiciones infrahumanas. Las imágenes que se filtraron pese al apagón de internet dispuesto por la autoridad, de mujeres bailando y quemando todos los velos negros que como capas de una cebolla el integrismo islámico revolucionario pretende cubrir la virtud de las señoras y el pueblo en la calle siendo abusivamente reprimido con crueldad, resultan testimonios inequívocos de los hechos. El asesinato de la joven iraní Masha Amini, tras haber sido arrestada debido a “mal llevar” el velo islámico influyó en una decisión que hacía largo rato estaba en la mesa de los diplomáticos sin reunir el consenso.
Más vale tarde que nunca
La decisión, se dijo, sería simbólica, porque la UE ya venía sancionando a estos funcionarios y organizaciones desde 2011. Que se viene revisando y renovando anualmente.
El actual es un gesto político, público y con interés difundido. Una señal política que refleja un unánime estado de ánimo: la precepción evidente del rezago moral de una institucionalidad europea inactiva ante el liderazgo estadounidense. Una pena: si se venía sancionando en voz baja desde hace tantos años que no se emitieran señales políticas en altavoz, claras e inequívocas. Dirán, eso es la diplomacia. Sí, pero la diplomacia está subordinada a la política y a las ideas. No “hacer olas” fue la consigna. Hoy, deslucida, es otra. Mas vale tarde que nunca.
El coraje o la vergüenza se sobreponen al miedo, “juntos somos más”
Como respuesta la cancillería iraní formuló toda una amenaza de represalias “directamente sobre los responsables políticos europeos”, las personas que concurren a adoptar la decisión.
Los cancilleres de “los veintisiete” son el fiel reflejo de una sociedad europea entumecida por el miedo. Los ayatolas que hicieron la revolución en 1979 vienen exportando a la tolerante Europa inflamados clérigos y lobos solitarios que postulan la mutilación de los derechos de más de la mitad de la población mundial: los de “sus” mujeres y de “sus” niñas. Con la expectativa de que la regla democrática apuntalada por el crecimiento demográfico en comunidades no integradas a la cultura liberal republicana, base de la cual las ideas religiosas están sujetas a la crítica como cualquier otra idea – tanto como al esencialmente liberal sentido del humor -, y la fe es una cuestión privada excluida de toda la res pública: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, les permita ocupar posiciones de gobierno para “cambiar las cosas”, construir sus teocracias totalitarias en las mismas casas de los estados seculares.
Los anticlericales de ayer son las ovejas del rebaño de hoy
Es curioso ver como el discurso anticlerical de otrora, que condenaba a los clérigos católicos o calvinistas no solo en sus excesos más ridículos y pacatos; aquel discurso de la revolución cultural de los sesenta y setentas del siglo veinte que pretendía llevar “la imaginación al poder”, el amor y el sexo libres, el movimiento feminista, el hippie y de tantos otros esnobs de la época, hoy, callan. Frente al imán o al ayatola, frente a la rebelión de las mujeres iranias: el silencio. Incómodo tal vez, pero silencio y más silencio al fin.
De la misma forma vergonzante que callaron frente a las violaciones, al cautiverio y los abusos perpetrados en Israel el 7 de octubre de 2023. Concurre una nueva forma de antisemitismo por la negación de una ciudadanía legítimamente elegida y adquirida.
Los “universales” derechos humanos otra vez en el diván.
Maguer, la abyección y la cobardía parecen también explicaciones plausibles.
El colapso moral de la izquierda
Cualidades muy humanas multiplicadas a través del vehículo de la cultura que les da un ropaje de toga y cuello blanco con la seriedad de toda teoría que se precie de tal.
La negación del carácter universal de los derechos individuales, que cualquier mujer o niña deba nacer libre y se le reconozca el goce del puñado de derechos individuales básicos preexistente, está en la base conceptual del mal llamado “multiculturalismo”. Supone suprimir los juicios de valor – en ello consiste justamente toda moral, discriminar lo que está bien de lo que está mal – que concluyan que unas culturas son mejores que otras, que unas son civilizatorias porque van en línea con la libertad y la dignidad individuales en mayor medida que otras, o por lo menos, que distinga si son o no compatibles con la anotada universalidad de los principios. Tesis cultural que parecería encontrarles a algunos acongojados europeos un justificativo para tolerar que las mujeres y las niñas de Irán o de Palestina no nazcan libres, que no usen bikini ni miren a los ojos a los varones. O que la sexualidad de cada individuo lo sea la que libremente elija y le haga feliz. Es ridículo decirlo, pero es real.
Los derechos humanos no es cuestión de esas niñas, ni de esas mujeres, ni de esos gais, dicen. Mientras, “salven a las ballenas y al planeta”. Las buenas conciencias desde los cafés parisinos. Aquellas que décadas atrás llamaban a los “sudacas” a hacer la revolución proletaria en la América del Sur mientras a sus hijos de las madres patrias inmigrantes les negaban la ciudadanía y un puesto de trabajo. Después que vocearon el fin del colonialismo, los argelinos siguen siendo franceses de segunda o de tercera categoría. Aquellos que en 1979 apoyaron a los ayatolás.
Pero la cuadratura del círculo no acaba en el multiculturalismo. Concurre la visión totalitaria de negar la individualidad del ser humano. De imaginarle un destino manifiesto y definitivo según el círculo o grupo de pertenencia, que conlleva la distribución de castigos o compensaciones. Antes era la clase social o la corporación, el marxismo o el fascismo, dos formas de pensar autoritarias y antiliberales, porque niegan al individuo. De la misma forma que ahora si se nace de tes blanca o caucásica o de nacionalidad israelí, – o mujer o niña “de” estas “respetables culturas” – ese niño – o niña – desde que nace, llevará el estigma y el castigo de por vida, porque ha de pagar una hipotética deuda, histórica, aunque ni siquiera tenga conciencia, arte ni parte en ninguna peripecia imposible – o religiosa, y tendrá el lugar que la “cultura” le indique a esa niña y mujer -.
“Iguales ante la ley, salvo por nuestros talentos y virtudes”. Una línea de demarcación política y de alineamiento internacional. ¿Hay que preguntarse a sí mismo con claridad y mayor periodicidad, de qué lado estamos?
Agamenón a los aqueos
Va a llegar el día en que la sociedad europea sienta que “todos somos más”, Que supere el miedo, el egoísmo, la cobardía y la abyección. Así lo dijo Agamenón a los aqueos con las mismas palabras: “abyectos y cobardes”. Buscaba la digna reacción. Coraje y liderazgo. El 30 de enero lo tuvieron los cancilleres de los veintisiete. Pese a las amenazas. El coraje, o la vergüenza, venció al miedo. Es una muy buena señal para sus pueblos. Lo deseable es que la diplomacia en los otros organismos internacionales principalmente las Naciones Unidades sea fiel a las ideas de las grandes declaraciones de principios. Así habrá buenos en el mundo que faciliten la coerción legítima de la que felizmente carecen.













