En una jornada que ha dejado a la opinión pública y a la comunidad internacional en un estado de desconcierto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, protagonizó un discurso cargado de declaraciones fuera de lo común. Lo que comenzó como una alocución institucional derivó en una mezcla de confesiones personales desafiantes y una propuesta diplomática de alto riesgo respecto a la situación de Venezuela.
“Hago cosas muy buenas”: desafío a la prensa
Durante su intervención, el mandatario rompió con el protocolo presidencial para referirse a las especulaciones sobre su vida privada. En un tono que muchos analistas calificaron como un desvarío fuera de lugar, Petro arremetió contra quienes cuestionan su intimidad:
“A ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas”, apuntó el mandatario, dejando atónitos a los presentes.
Estas declaraciones han encendido el debate sobre los límites de la privacidad de un jefe de Estado y el uso de un lenguaje inusualmente informal y egocéntrico, que para muchos desdibuja la seriedad de su investidura.
El presidente colombiano Gustavo Petro dice que “hace cosas muy buenas en la cama” y cuenta que las personas que se acuestan con él nunca lo pueden olvidar, “se vuelve inolvidable”, una bestia.
No me pregunten por qué se puso a hablar de esto. Increíble.pic.twitter.com/i0nzGRhgGI
— Agustín Antonetti (@agusantonetti) January 27, 2026
El “Caso Maduro” y la sombra de la jueza Afiuni
En el plano geopolítico, Petro lanzó una exigencia directa al gobierno de los Estados Unidos: devolver a Nicolás Maduro a territorio venezolano para que sea juzgado por sus propios tribunales.
Sin embargo, esta propuesta ha sido calificada como una “fantasía peligrosa” por expertos en derechos humanos, quienes recordaron el trágico destino de quienes han intentado impartir justicia de forma independiente en Venezuela. El ejemplo más emblemático es el de la jueza María Lourdes Afiuni, cuyo caso sirve de advertencia sobre lo que le sucede a un magistrado que enfrenta al régimen:
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Represalia inmediata: En 2009, tras cumplir con una resolución de la ONU y otorgar libertad condicional a un banquero crítico del chavismo, Afiuni fue detenida sin orden judicial por orden directa de Hugo Chávez, quien exigió en televisión nacional 30 años de cárcel para ella.
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Tortura y abuso: Durante su encarcelamiento en una prisión común, Afiuni denunció haber sido víctima de violación, tortura y tratos inhumanos que le causaron graves daños físicos y psicológicos.
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Muerte civil: Tras años de arresto domiciliario y prohibiciones, su carrera fue destruida, dejando claro que en Venezuela, cualquier juez que sentencie en contra de la cúpula del poder termina preso, torturado o desaparecido.
Bajo este contexto, la petición de Petro de enviar a Maduro a ser juzgado en su propio país es vista como una condena a muerte para cualquier juez valiente o, más probablemente, una garantía de impunidad absoluta bajo el control de una justicia secuestrada.
Reacciones y clima político
La combinación de anécdotas de alcoba y peticiones diplomáticas inverosímiles ha generado una ola de críticas. La oposición califica el episodio como un “espectáculo bochornoso” que busca distraer de la crisis de seguridad que vive Colombia. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación la desconexión del mandatario con la realidad de la persecución judicial en el país vecino.













