La farsa del “patriotismo” y el servilismo de una cúpula chavista acorralada que finge pedir la libertad del tirano preso en EEUU

Mientras se muestran dóciles y serviles con EEUU, Delcy Rodríguez y Cabello gastan dinero del Estado en campañas por la liberación del dictador Maduro y su esposa

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La farsa y el doble discurso chavista

Editorial del Equipo de Investigación Periodística.- 

Es un espectáculo dantesco, pero sobre todo cínico. Mientras el país se desmorona bajo el peso de décadas de mala gestión, la cúpula que hoy usurpa las funciones del Estado —encabezada por Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello— ha decidido que la prioridad nacional no es el hambre, ni la salud, ni el salario de los trabajadores, sino financiar una costosa puesta en escena bajo los eslóganes #FreeMaduro y #FreeCilia.

Resulta insultante que, en el momento de mayor vulnerabilidad histórica, se dilapiden recursos públicos —dinero que pertenece a cada venezolano— para intentar lavar la cara de quienes han sido señalados por la justicia internacional por delitos de narcoterrorismo. Pero lo que realmente causa náuseas es el doble rasero: un discurso de “soberanía” que se desintegra ante la realidad de un régimen que, en la práctica, se muestra servil y obediente ante las exigencias de Washington.

La contradicción del “tutelaje”

La retórica inflamada contra el “imperio” ya no convence a nadie. Es una farsa de consumo interno. Mientras Delcy Rodríguez satura las redes y los medios públicos con una defensa desesperada del “tirano” y su esposa, tras bastidores el oficialismo acata con docilidad las imposiciones de la administración de Donald Trump.

¿Cómo se explica que los mismos que llaman a la resistencia “antiimperialista” sean los que hoy facilitan y permiten que las directrices de EE. UU. marquen el ritmo de la política interna? El servilismo es real; la indignación es actuada.

Un derroche criminal

No es solo una cuestión de hipocresía política, es un crimen financiero. Gastar “innumerables” fondos en campañas publicitarias para defender a individuos acusados de violar sistemáticamente los derechos humanos es una bofetada a las víctimas de la represión.

  • El objetivo: Mantener una unidad monolítica ficticia.

  • La realidad: Un intento desesperado por negociar cuotas de supervivencia personal a cambio de la entrega total de lo poco que queda de institucionalidad.

El pueblo venezolano asiste, entre la indignación y el cansancio, a un teatro de sombras donde los actores principales ya no saben cómo ocultar sus hilos. La liberación de Maduro no es un clamor popular, es la última obsesión de una élite que sabe que, sin el control del aparato estatal, solo les queda responder ante la justicia.

Es hora de llamar a las cosas por su nombre: lo que hoy vemos es una dictadura de facto que gasta lo que no tiene en defender lo indefendible, mientras se arrodilla ante el mismo poder extranjero que dice combatir. La soberanía no se defiende con etiquetas en redes sociales, sino con dignidad; algo que, a juzgar por los hechos, hace tiempo abandonó los despachos de Miraflores.