INAU y Doña Bastarda: La institucionalización del agravio

"De la advertencia técnica a la capitulación política: el INAU da marcha atrás y califica como 'apta' una pieza que hace apología del fusilamiento y el exterminio. Una columna sobre cómo la institucionalidad uruguaya decidió validar el agravio y la violencia bajo el disfraz del carnaval, tomándole el pelo a toda la ciudadanía"

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Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU)

Lo que ha sucedido con el INAU y la murga Doña Bastarda trasciende la clásica polémica de carnaval para convertirse en un síntoma de degradación institucional. La decisión de otorgar la calificación de “Apto para todo público” a un libreto que hace gala de la violencia más abyecta no es una muestra de tolerancia; es una claudicación ante la barbarie disfrazada de murga. El INAU, el organismo encargado de velar por la sensibilidad y la integridad de los menores, nos está tomando el pelo de la manera más cínica posible. La explicación de la murga que se tomó fuera de contexto la letra del cuplé. ¿Cómo le explicás a un niño que no es agravio y que solo es una ironía? ¿El INAU entregará un manual explicativo para menores?

La anatomía de un despropósito

Apenas días atrás, el INAU señalaba con precisión técnica que el cuplé Juro por mi patria contenía “violencia verbal psicológica con amenazas físicas”. El diagnóstico era correcto, porque los versos no dejan lugar a la interpretación o al “contexto”. Sin embargo, la posterior marcha atrás es un acto de cobardía administrativa que deja a la ciudadanía perpleja.

¿Cómo puede ser “apto” para un niño un texto que reza: “Y donde la prensa insista / te fusilo periodistas”? No hay sátira que justifique la apología del asesinato de comunicadores. No hay humor que rescate la promesa de “tiro abajo las escuelas / y los hospitales vuelan”. Esto no es crítica social; es un catálogo de crímenes de guerra y atentados terroristas presentados como entretenimiento familiar.

El límite de lo intolerable

El punto más oscuro y que vuelve inconcebible la pasividad oficial es la referencia explícita al Holocausto:

“…y a los que me llamen nazi / sin tregua y sin compasión / los encierro en una jaula / y los convierto en jabón”.

Es aquí donde el argumento del “personaje” se desmorona. Utilizar una de las mayores tragedias de la humanidad —el exterminio industrial de seres humanos— para construir una rima de tablado es una ofensa que debería generar un rechazo unánime. Que el INAU considere que esto es apto para menores es una irresponsabilidad histórica. ¿Qué se supone que debe aprender un niño de esto? ¿Qué la amenaza de genocidio es una herramienta válida de humor si se canta con la cara pintada?

Una burla institucional

La marcha atrás del INAU demuestra que en Uruguay está permitido ofender, agraviar y amenazar sin restricciones, siempre que el responsable tenga el suficiente peso mediático para forzar una rectificación política. Al validar estos versos, el Estado está diciendo que no hay límites. Que la “violencia psicológica” que detectaron inicialmente se vuelve “arte” por arte de magia para no incomodar al gremio carnavalero.

Esta claudicación es un precedente peligroso. Si “convertir en jabón” a quien piensa distinto y “fusilar periodistas” recibe el visto bueno de las autoridades competentes, hemos perdido el norte de la convivencia. El INAU ha fallado en su misión más básica: proteger. Lo que queda es el vacío de una institución que, por miedo o por desidia, ha decidido que el agravio sea el nuevo estándar de nuestra cultura popular.

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