El reciente discurso del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Salvador no solo fue una declaración de principios sobre geopolítica, sino un síntoma de las profundas contradicciones que marcan su actual mandato. Al clausurar el XIV Encuentro Nacional del MST, Lula lanzó una advertencia severa: el multilateralismo está agonizando frente al avance de un unilateralismo personalizado, señalando directamente a Donald Trump y su propuesta de un nuevo “Consejo de Paz”.
Sin embargo, tras la retórica de defensa de las instituciones internacionales, emerge una sombra sobre la salud democrática de la propia casa: la independencia del Poder Judicial en Brasil.
La crítica a la propuesta de Trump para la administración de Gaza es contundente. Para el mandatario brasileño, la creación de organismos paralelos fuera del marco de la ONU no busca la paz, sino el control. Al afirmar que Trump quiere ser “dueño” de una nueva ONU, Lula se posiciona como el último bastión de un orden basado en reglas colectivas. Pero, ¿es coherente defender la integridad de las instituciones globales mientras se erosiona la independencia de las locales?
El Supremo Tribunal: ¿Blindaje o justicia?
Lo que el discurso oficial omite es la situación interna del Supremo Tribunal Federal (STF). Mientras Lula denuncia en el extranjero el desmantelamiento de la Carta de la ONU, en Brasilia crece la percepción de un tribunal “maniatado”.
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Nombramientos estratégicos: La infiltración de jueces afines al Ejecutivo ha generado un clima de sospecha. No se trata solo de la facultad presidencial de nombrar magistrados, sino de una alineación ideológica que parece diseñada para actuar como un escudo jurídico.
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Independencia en entredicho: Cuando el árbitro de la Constitución parece jugar para el equipo del gobierno, el sistema de pesos y contrapesos se desvanece.
La paradoja es clara: Lula exige un multilateralismo democrático en el escenario internacional, pero en el ámbito doméstico se le acusa de centralizar el poder a través del control indirecto de las cortes.
Explicación
Criticar el unilateralismo de Trump es un ejercicio válido de soberanía, pero pierde fuerza moral si la propia democracia brasileña muestra signos de debilitamiento institucional. Un presidente que teme a la justicia independiente no puede ser el heraldo de un orden mundial más justo.
Si la Carta de la ONU está siendo desmantelada afuera, es imperativo que la Constitución brasileña no sufra el mismo destino por dentro. La verdadera fuerza de un líder no reside en su capacidad de nombrar jueces amigos, sino en su voluntad de someterse al escrutinio de una justicia que sea, verdaderamente, para todos.
Actualmente, en el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil hay 7 ministros nombrados por presidentes del Partido de los Trabajadores (PT): 5 por Luiz Inácio Lula da Silva y 2 por Dilma Rousseff, de un total de 11 magistrados.
Actualmente el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil tiene 11 ministros en funciones. De ellos, 5 fueron nombrados por Lula, 2 por Dilma Rousseff, 2 por Jair Bolsonaro, 1 por Michel Temer y 1 por Fernando Henrique Cardoso.
📋 Ministros en funciones del STF (enero 2026) y quién los nombró
Observaciones clave
- Lula es el presidente con más nombramientos vigentes: 5 de los 11 ministros actuales.
- Dilma Rousseff tiene 2 ministros aún en funciones (Fachin y Fux).
- Bolsonaro dejó 2 nombramientos (Nunes Marques y Mendonça).
- Temer nombró a Alexandre de Moraes, quien sigue siendo una figura central en el STF y enemigo declarado del expresidente Bolsonaro.
- Fernando Henrique Cardoso aún tiene a Gilmar Mendes en funciones, el más antiguo de la Corte.
Conclusión
La composición actual refleja una mayoría de ministros nombrados por el PT (7 de 11), aunque con presencia minoritaria de nombramientos de otros presidentes. Esto explica por qué se suele decir que el STF tiene una fuerte impronta de los gobiernos de Lula y Dilma y lo torna sospechosamente atado al gobierno actual.














