En la Casa Blanca no se busca justicia, se busca petróleo

Donald Trump muestra su verdadero rostro contra Venezuela y Marco Rubio de duro halcón, se convierte en paloma

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Marco Rubio - Foto: rubio.senate.gov

La política exterior de Donald Trump siempre ha sido un mercado de transacciones, pero lo ocurrido en las últimas horas respecto a Venezuela raya en el cinismo histórico. Quien una vez prometió “libertad” hoy parece haberla canjeado por barriles de crudo, confirmando que en su tablero de ajedrez los aliados morales son piezas desechables cuando el premio es el control de un recurso estratégico.

El desprecio mostrado hacia María Corina Machado es, quizás, la señal más violenta de este cambio de piel. Tras años de que la oposición venezolana viera en Washington un faro de esperanza, Trump ha despachado el liderazgo de Machado —reciente ganadora del Nobel de la Paz— con una frialdad pasmosa, afirmando que “no tiene el respeto del país”. Es la retórica del capataz: si el líder democrático no controla los pozos, no sirve para el negocio.

Lo que resulta verdaderamente impresentable es el giro hacia Delcy Rodríguez. De ser señalada como uno de los rostros más oscuros del régimen, Rodríguez ha pasado a ser, en palabras del propio Trump y de un irreconocible Marco Rubio, una figura con la que “se puede trabajar”. Rubio, el otrora “halcón” que construyó su carrera política denunciando cada atropello del chavismo, ahora matiza su discurso para justificar un diálogo con la cúpula que permanece en Caracas. El argumento es tan viejo como el petróleo: el realismo político exige pactar con quien tiene las llaves del aparato militar y operativo.

“Trump ha mencionado la palabra ‘petróleo’ decenas de veces en sus últimos discursos, mientras que la palabra ‘democracia’ parece haber desaparecido de su diccionario para Venezuela.”

Esta actitud desnuda una intención que ya no se oculta tras la bandera de la libertad. El interés de Trump no es restaurar el hilo constitucional, sino asegurar que 30 o 50 millones de barriles de petróleo fluyan hacia Estados Unidos bajo su control directo. Es la misma lógica que aplica al querer “comprar” Groenlandia: el mundo no es una comunidad de naciones soberanas, sino un mapa de activos por adquirir.

Quien haya apostado a que este regreso de Trump significaba la liberación de Venezuela, ha perdido la apuesta. No hay caballerosidad, no hay principios y, sobre todo, no hay interés en el bienestar del ciudadano venezolano. Solo queda la cruda realidad de una potencia que ha decidido que es más fácil (y barato) negociar con el verdugo que ayudar a la víctima.

Quienes todavía crean en las promesas de este eje Trump-Rubio deberían despertar: los han usado. En la Casa Blanca no se busca justicia, se busca petróleo. Y si para conseguirlo hay que abrazar a Delcy y pisotear a Machado, lo harán sin pestañear. La libertad de Venezuela está hoy en subasta, y el subastador es quien juró protegerla.